Una calle angosta separa al agresor de la víctima, según contaron en el barrio. Si bien el tirador se escapó de la escena ni bien se llenó de policías, algunas horas más tarde el propio Ramón vio con sus ojos cómo el responsable “se reía de todo como si nada”.
La posibilidad de un nuevo ataque o represalia era más que probable teniendo en cuenta cómo se desarrolló todo el incidente. En este marco, la familia agredida le pidió protección a la Policía de la zona. “Solamente me dieron el número de teléfono directo para que nos vengan a ayudar. Pero eso no sirve porque esta gente es capaz de venir y matarnos primero”, apuntó Ramón.
Sin querer nuevos problemas, pero con el miedo a que las amenazas se cumplan -“te vamos a quemar la casa”, entre ellas- las víctimas al menos piden que se prevenga un nuevo ataque.
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