Abrieron un almacén hace seis meses y ya les robaron cuatro veces. Hay otros negocios platenses que cuentan con una estadística igual de angustiante, pero en este caso la mitad de esos casos ocurrieron con una diferencia de diez horas.
El primero en suceder fue también el más violento. Como anticipó este diario en su edición de ayer, fue a las 15.30 del lunes, cuando un hombre esperaba algún cliente en pleno feriado junto a su beba de nueve meses.
Dos ladrones en una moto Titán roja quebraron la calma de la cuadra de 65 entre 8 y 9. Frenaron al lado del negocio y se bajaron decididos a robar. Cada uno de ellos tenía una pistola en la mano: les fue simple reducir al dueño del local. Tanto a él como a su beba, los encañonaron para empezar a pedirle plata.
A todo esto, la criatura empezaba a llorar, porque le apoyaban la pistola con insistencia. La víctima hizo como pudo para contener el malestar por la situación y les permitió vaciar la caja.
“Aunque ya habían agarrado casi nueve mil pesos y una bolsa con cigarrillos que valían tres mil, seguían pidiendo más. A mi pareja lo hicieron ponerse de rodillas. En un momento les terminó diciendo que se fueran”, contó Patricia.
Tras 10 minutos de amenazas, el comerciante quedó encerrado en el baño. Los delincuentes se escaparon.
de madrugada
Cuando parecía que el mal trago se iba disipando, en la madrugada del martes se produjo el segundo robo en ese almacén. Fue cuando un grupo de “cuatro o cinco pibes” llegó hasta el negocio, tironeó la cortina de hierro hasta doblarla y rompió un vidrio.
Por ahí se metieron para revisar todo, romper botellas y tirar mercaderías por el suelo. Aparentemente los escucharon y avisaron al 911. La Policía habría conseguido capturar a uno de ellos.
“Nos enteramos a las 7 de la mañana cuando nos llamó un vecino. Cuando fuimos a la comisaría nos dijeron que el ladrón, por ser menor, ya había sido liberado. Había firmado en el instituto y ya había vuelto a la calle”, aseguró Patricia, con toda su indignación a cuestas.
En seis meses ya habían robado otras dos veces allí. Una fue de madrugada y quedó en intento. La otra, a mano armada y de mañana.
La familia dueña del negocio está desesperada. “Tenemos ganas de irnos de la ciudad. La verdad es que no sé en dónde más pedir seguridad”, expresó Patricia.
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