La nutrida sucesión de robos y agresiones físicas que se registra en los últimos tiempos en perjuicio de jóvenes estudiantes y a docentes de la Escuela Secundaria 45 de Altos de San Lorenzo obliga a tomar conciencia sobre un fenómeno que, seguramente, no refleja un mero encadenamiento de hechos aislados, sino que habla de una tendencia negativa que se habría instalado en esa zona y que debe ser firmemente combatida por las autoridades.
La reseña denunciada no puede ser más elocuente: robos en cercanías de la escuela en perjuicio de alumnos y docentes, muchas veces con los ladrones que portan armas blancas; chicos que llegan al colegio o a sus casas despojados de sus zapatillas, camperas o mochilas, muchas veces golpeados; los vehículos de los profesores dañados en forma intencional. Tales referencias son parte de las experiencias diarias que sufren alumnos y docentes de esta escuela, cuyos directivos dicen haberlas denunciado sin obtener hasta ahora respuesta oficial alguna.
En la entrevista que mantuvieron con este diario, docentes que cuentan con muchos años de trabajo en esa escuela, aseguraron que algunas maestras jóvenes están pensando en cambiar de colegio. A la escuela secundaria 54, dijeron, se llega, pero nunca se sabe bien cómo se irá uno de ella, dada la presencia de malvivientes en los alrededores.
Según se indicó, la Secundaria 45 funcionó, hasta julio del 2015, repartida en dos escuelas primarias, una en 20 y 84 y la otra en 23 y 76. En esa fecha le entregaron el edificio nuevo. Pero los más de 400 alumnos que concurren en tres turnos y los 100 profesores nunca pudieron disfrutar a pleno de las flamantes instalaciones.
No debiera ser preciso enfatizar acerca de la necesidad de que las escuelas -por la eminente función que cumplen, por la condición en que se encuentran quienes acuden a ellas en busca de ganar conocimientos y, desde luego, por el plantel docente que se ocupa de esos chicos- reinen las más absolutas condiciones de seguridad, tanto como en las inmediaciones de las sedes educativas. Está claro que en este caso se registran ataques direccionados y que, por consiguiente, una mínima inteligencia policial debiera bastar alcanzar para esclarecer esas agresiones y detener a los responsables.
Es dable también esperar que las autoridades educativas se interesen inmediatamente en el tema e impulsen todas aquellas medidas que puedan alcanzar eficacia suficiente como para aumentar en forma sensible los márgenes de seguridad de la comunidad educativa de esa escuela de San Lorenzo. Lo denunciado por los estudiantes y docentes no constituye, solamente, otro caso más de inseguridad, sino que, por sus especiales características, parece responder también a una suerte de resistencia a los valores de la educación, que deben ser restablecidos cuanto antes y de manera categórica.
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