A los 94 años falleció Elena Lozano viuda de Casamiquela, una destacada vecina de Magdalena, ciudad en la que constituyó una sólida familia y estableció lazos de amistad que la acompañaron hasta sus últimos días.
Elena fue la mayor de 4 hermanos, había nacido en La Plata, el 4 de diciembre de 1921. Sus padres fueron Juana Prudencia López y Rogelio Hugo Lozano. Como su padre era comisario compartió su infancia en distintas ciudades de la Provincia, junto a sus hermanos Belisario Faustino, Roberto y Griselda René.
Siendo aún muy joven trabajó en un juzgado platense, pero al conocer a Rolindo Horacio Casamiquela y decidir formar su propia familia, dejó sus ocupaciones laborales para dedicarse por completo a los suyos.
La familia creció con la llegada de sus tres hijas: Jisela Laura, Alejandra Elena y Estela Beatriz María. Ellas le dieron la felicidad de convertirla en abuela de Eleonora, Paula, José, María Luz, Yamil, Magdalena y Mariano.
Más acá en el tiempo, fue testigo de la llegada de 6 bisnietos, niños que completaron su alegría y le dieron un nuevo impulso a sus días.
Elena siempre fue una mujer abocada por completo a su hogar, por eso fue una figura indispensable para el desarrollo de sus hijas y el acompañamiento de su esposo, odontólogo de gran participación en la actividad política. Desde las filas de la Unión Cívica Radical, Casamiquela fue diputado, intendente de Magdalena y director del hospital de esa ciudad.
Según señalaron sus allegados, Elena fue una mujer que se destacó por su buen humor y don de gentes.
Además fue una persona muy sociable que supo ganarse el afecto y la amistad de mucha gente, incluso de jóvenes que también disfrutaron de su conversación y simpatía. En ese contexto, le gustaba promover reuniones que dejaban de relieve sus virtudes como anfitriona.
También llevó a la práctica todo tipo de acciones solidarias para acompañar a quienes lo necesitaban, ya fueran parte de su entorno o simplemente personas que pasaban circunstancialmente por su vida y estaban en problemas.
En sus ratos libres le gustaba leer poesía, cocinar y tejer, actividad que además de entretenerla sirvió para que confeccionara prendas para los miembros de su familia.
Además fue una meticulosa bordadora, habilidad que aprendió de su madre, y fueron ponderados sus trabajos.
Con la estela que dejan las personas de bien, Elena es recordada por haber sido una esposa compañera, una gran madre y una amiga incondicional.
También fue una vecina muy arraigada a su barrio y a su ciudad adoptiva. Fue apreciada, respetada y admirada por su lucidez e independencia, condición que preservó hasta sus últimos días.
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