Por NICOLAS NARDINI
OPINION
Llegó la hora de poner la pelota contra el piso, mirar hacia los cuatro costados y darse cuenta que así, no ir a la próxima Copa del Mundo no es una afirmación agorera. Es una posibilidad latente que se desprende de lo producido por el equipo en el campo. Sin gestión deportiva, hasta los mejores jugadores pueden fracasar. El problema de nuestro fútbol no se agota en Di María, Agüero o Bauza y sus errores, las responsabilidades van mucho más arriba. Veamos:
NADIE VIO VENIR LO QUE SE SUFRIRIA POR EL CAMBIO DE DT
La marcha de Gerardo Martino causó un problema grande para la Selección. Al margen de los gustos por una u otra manera de sentir y de vivir el fútbol, la salida del Tata obligó al combinado nacional a empezar otra vez desde cero. Y, evidentemente, en la AFA nadie vio venir el cimbronazo que esto generaría.
Son dos los puntos alarmantes. El primero, el motivo del alejamiento del ex DT. El rosarino se marchó cansado del manoseo dirigencial y de las mezquindades de los distintos clubes que componen la AFA, que se peleaban para ver quién se demoraba más en ceder los jugadores al Seleccionado Olímpico. Arrinconado por los desaguisados, Martino optó por pegar un portazo antes que seguir permitiendo que lo desacreditaran como profesional. En definitiva, los malos manejos dirigenciales tuvieron como resultado el abrupto final de otro proceso de trabajo.
Lo que vino después fue mucho peor. Si la causa (los malos manejos dirigenciales) encendió las alarmas, el efecto del cambio de técnico está incendiando el andar de la Selección. Con el discutido Martino, el equipo llegó a dos finales consecutivas de Copa América y perdió ambas en la tanda de penales, con una idea (avalada por algunos, resistida por otros, pero idea al fin) clara y el cambio de técnico obligó a la Albiceleste a caer otra vez al abismo de empezar desde la nada misma.
Argentina es un modelo para armar. Está todo por hacer y, por lo visto hasta ahora, es difícil afirmar con convicción si el timonel elegido para semejante desafío es el ideal. De hecho, Bauza empezó con las espaldas flacas de movida, producto de un raid interminable y ecléctico de Armando Pérez, que se juntó con cuanto entrenador tuvo por delante, dejando la puerta abierta para, como mínimo, poner en duda el nivel de convencimiento que tenía para contratar al Patón. Esa elección “por descarte”, después del no de Marcelo Bielsa y de la condición -al menos por ahora- de inalcanzables de Sampaoli (por la cláusula), Simeone y Pochettino. De esa manera, el actual DT comenzó su ciclo con un respaldo minúsculo y fue discutido antes de asumir.
¿A QUE JUEGA ARGENTINA?
Con el ciclo en marcha, el interrogante que flota en el ambiente pasa por dilucidar a qué juega Argentina. Hasta ahora, se tornó imposible captar cuál es la idea de Bauza. Contra Uruguay todo quedó resumido a la magia de Messi; en Venezuela se vio a un equipo anárquico y confundido; en Lima fue superado por Perú porque la estructura se quebró por completo; y en Córdoba directamente se perdió la brújula. Los jugadores fueron un cúmulo de voluntades tratando de imponerse por capacidad individual en medio de un caos general en todos los planos del juego.
Argentina no tiene un patrón de juego y, si el DT no toma nota de la gravedad de la situación, puede que nuestra Selección se vea expuesta a un repechaje o, peor aún, a la catástrofe de no asistir a la próxima cita ecuménica.
La mayoría de los hinchas cayeron en el camino más sencillo: el de atacar a las figuras que “la rompen allá afuera y dan pena en la Selección”. Dando por válida esta lectura, sería menester preguntarse si se equivocan todos los jugadores a la vez o si el equivocado es el técnico que no puede sacarle el jugo que sí les sacan sus colegas de los clubes europeos que gestionan, con éxito y criterio, a los futbolistas nacionales por quienes se siguen pagando sumas astronómicas.
Si no asoma un patrón de juego definido, este caos reinante también podría deglutirse al mejor Messi . En la Selección no hay tiempo para trabajar en el campo. Se debe convencer con un discurso claro y efectivo. Bauza sabía todo eso desde antes de asumir. Ahora la cuestión es que saque a relucir y demuestre, en la práctica, por qué Armando Pérez le confió el banquillo más importante del fútbol nacional.
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