En su libro “Recuerdos, semblanzas y otras historias”, el médico platense Rodolfo Cosentino, quien además era escultor, dedica un capítulo a una historia que lo vinculó al cura Brochero. Y es que a través de una de sus pacientes, una hermana de la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón, el autor se enteró que el religioso cordobés también había sido un escultor vocacional como él y había tallado un Cristo crucificado que aún se conservaba en la capilla de su pueblo.
Fue así que en cierta ocasión en que le tocó dictar un curso médico en la ciudad de Córdoba, Cosentino decidió atravesar las sierras por el camino de las Altas Cumbres y llegarse hasta la capilla de Cura Brochero para ver aquel Cristo. Allí conoció a una anciana que le contó una historia milagrosa sobre el cura gaucho que circulaba entre sus antiguos vecinos.
La historia que Cosentino recoge en su libro cuenta que “Brochero tenía un amigo entrañable a quien visitaba con frecuencia, un hombre culto e inteligente” que se lamentaba sinceramente de no poder creer en Dios. Sufría de lepra y decía que sólo un milagro podía convencerlo. “La gente del lugar cuenta que el leproso se curó y no supieron más de él. El cura Brochero vivió aislado los últimos años de su vida. Viejo y casi ciego. Murió además con una cruel enfermedad que nadie sabe dónde adquirió. Murió leproso”.
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