El viernes de la semana pasada ocurrió en La Plata un caso similar a los que se plantean en esta crónica. Como informó EL DIA, fue a las 4 de la mañana de ese día en una casita situada en 73 entre 151 y 153, donde Carlos Gregorio Orellana, de 73 años, y María Elsa Acuña, de 63, vivían desde hacía “más de 20”, calcularon en el barrio.
Una hija de los nueve que tenía la pareja fue a dejar a su beba de tres meses al cuidado de la madre, para ir a trabajar. Fue ella quien encontró los cuerpos. El de Acuña estaba “sobre la cama, con una herida cortante de grandes dimensiones a la altura del cráneo” y, a su lado, “un hacha ensangrentada”, relató una fuente de la investigación. Cerca, en la misma habitación, el cadáver de Orellana colgaba de una soga que había anudado al tirante del techo.
Los peritos encontraron una carta en la que el hombre “hacía suponer que por problemas de infidelidad había asesinado a su esposa y luego se quitó la vida”, confirmó un detective.
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