Cansada de los apagones, los episodios de baja tensión y los aumentos en las tarifas de los servicios, una familia platense apostó a un giro ecológico e hizo “energía por mano propia”. A metros del parque Alberti, las aspas de un dispositivo eólico coronan una casa de dos plantas, generando curiosidad -y voltaje-, y sorprendiendo a los transeúntes y automovilistas.
El rotor, montado sobre una viga metálica, se yergue desde hace poco más de dos meses en 27 entre 36 y 37. “Nos cansamos de los problemas con la luz y averiguamos cómo pasar a este sistema” explica Iria Rosa: “tenemos siete baterías grandes, y nos manejamos con independencia de la red. Ahora pagamos menos de cien pesos de Edelap, y estamos pensando en instalar paneles solares”.
“No somos de gastar electricidad de más, y hasta ahora esto nos está dando buenos resultados. Nunca hemos tenido que recurrir a la red común por falta de viento o agotamiento de reservas” recuerda la vecina.
En los últimos tiempos La Plata se ha convertido en una ciudad más ventosa de lo que solía ser, tendencia que se acentuará con su paulatino crecimiento en altura y los corredores que forman los grandes edificios; de todos modos, para poner a girar los rotores hacen falta brisas apenas superiores a los diez kilómetros por hora; si las ráfagas se ponen demasiado violentas, un sistema de “autoplegado” los reorienta y protege de desperfectos por velocidad excesiva.
En Edelap aclaran que “por el momento no existen restricciones para los vecinos que quieran instalar este tipo de dispositivos, que son el equivalente a un grupo electrógeno a gas-oil, por ejemplo, pero ‘limpios’, siempre y cuando no estén conectados a la red eléctrica”. En este contexto, alternativas que se manejan en otras latitudes, como la de venderle a las compañías del rubro la electricidad que se genera pero no se usa, está en estudio en ámbitos administrativos y legislativos.
Los aerogeneradores que se consiguen en nuestro medio tienen tres aspas de poliamida y un peso neto -sin contar la estructura de soporte- que arranca en el orden de los treinta kilogramos y puede llegar a superar los 70. El costo de mantenimiento es mínimo.
“Cada vez recibimos más consultas por este tipo de generadores” destacan en una empresa del rubro con oficina en la zona de plaza Belgrano: “en los edificios, son una opción requerida para iluminar espacios comunes”.
“Para las casas particulares, las variantes en costos son casi infinitas”, aclaran los expertos: “dependiendo de las alturas, los rotores, la cantidad y el tamaño de las baterías que se elijan, que pueden durar cinco a veinte años; se puede abastecer una vivienda por fuera de la red y amortizar la inversión en un plazo razonable, pero hace falta un combo de estrategias y hábitos de ahorro”.
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