Intensa, generosa, cálida. No alcanzan las palabras para definir el carácter afable y bondadoso de “Perla” Villafañe, quien falleció, tras una breve enfermedad, a los 91 años. Profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación; Psicóloga; especialista en Orientación Vocacional; las Humanidades, por las que sentía una particular inclinación, fueron su permanente fuente de conocimiento.
Dora Margarita Villafañe -ese era su nombre, aunque todos la llamaban “Perla”- había nacido en La Plata, el 8 de marzo de 1925. Fue la hija mayor de Ernesto Villafañe y Avelina Duffau, y creció junto a su hermano Ernesto. Huérfana de padre cuando era una nena, conoció los imponderables de la vida desde muy joven. Sin embargo, ninguna de las dificultades que se le presentaron pudo con su espíritu pujante, alegre y luminoso.
Fue alumna de la Escuela Anexa (donde ya adulta integró el cuerpo docente) y cursó el nivel medio en el colegio “Misericordia”. Ingresó a la facultad de Humanidades de la UNLP y se recibió de profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación pero, inquieta, con una vocación por el saber que parecía no tener límites, siguió otras carreras de grado e, incluso, concluyó un posgrado -en Orientación Educativa y Ocupacional- a los 86 años.
Además de docente en la Escuela Anexa fue profesora en el Colegio Nacional y en el Instituto de Formación Docente Nº 9. También se desempeñó como directora de un Centro Educativo Complementario en Berisso, y fue ayudante de Trabajos Prácticos de Fernanda Monasterio, fundadora de la carrera de Psicología en la UNLP, de la que “Perla” fue una de las primeras egresadas.
En el ámbito particular, fue una requerida orientadora de adolescentes que buscaban asegurarse una formación a partir de sus potencialidades y aficiones.
La casa donde constituyó su hogar junto al agrimensor Jorge Gil -con quien estuvo casada más de cincuenta años-, en 46 entre diagonal 73 y 18, fue, por ser ella tan entusiasta anfitriona, un lugar de permanentes encuentros de amigos, familia y colegas.
Tuvo dos hijos, Jorge -arquitecto - y Pablo -dramaturgo y director teatral-, que representaron su más grande orgullo. Y ejerció amorosamente, con sabios consejos y un acompañamiento incondicional, su rol de abuela, de lo que dan fe Rodrigo, Florencia, Federico, Guadalupe, Julián, Josefina y Elisa.
Para “Perla” el amor al prójimo era un sentimiento cotidiano. Su último gran gesto, con el que demostró hace apenas unos meses y una vez más su sentido de la empatía, lo tuvo al donar, tras la edición de sus memorias -“La lechuza y la mariposa- Perlas de Vida”-, lo recaudado por la venta del libro al Hospital de Niños de La Plata. Y es que uno de sus nietos, al nacer años atrás en Mar del Plata, necesitó de una atención pediátrica especial y como una forma de reconocer aquel esfuerzo médico ella hizo su aporte al centro asistencial platense.
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