“Hay algunas cosas que ya no compro. Carne, por ejemplo. A lo sumo, ahora puedo comprar un kilo por semana. Antes comíamos más”, dice Elizabeth Barrionuevo (32), una mamá de Los Hornos que desde hace un año y dos meses participa en un programa de la ONG CONIN al que llegó derivada desde la unidad sanitaria del barrio cuando uno de sus hijos gemelos nació con bajo peso. Elizabeth tiene cuatro hijos y entre lo que gana su marido en changas de la contrucción y lo que obtienen a través de la asingación universal por hijo suman un ingreso mensual de alrededor de 7.000 pesos que no alcanza a cubrir el costo de la canasta básica. A esos problemas se suman otros, como , las goteras que no puede resolver en el techo de su casilla de madera y piso de cemento y la falta de servicios escenciales, como el agua o las cloacas.
Algunos de sus problemas se repiten en la historia de otras de las participantes del programa -donde se les da información nutricional, hacen talleres de oficios reciben ropa de manera gratuita y alimento pagando un preciosimbólico- como María José de La Fuente, madre de cinco chicos que espera otro bebé y que junto a su marido suman un ingreso familiar de alrededor de 8.000 pesos mensuales.
“La plata, con suerte dura hasta el día 20. Lo demás es arreglarse, usar el ingenio para cocinar”, dice.
Para Noelia Saucedo, una vecina de Altos de San Lorenzo que también tiene cinco hijos, las cosa son más difíciles. Sin trabajo, recurre a un comedor del barrio, donde de lunes a viernes retira viandas para toda la familia. Los otros días se arregla con lo que recibe a través de planes sociales. Mientras tanto, en una ONG de la zona recibe clases hace un taller de cocina con la idea de conseguir un trabajo o un ingreso extra”.
Los ingresos insuficientes son sólo una parte del problema, según describe Patricia González, quien vive junto a su papá, su marido y cinco hijos en el barrio Malvinas.
“En el barrio hay otras dificultades, como las calles intransitables que hacen que cuando llueve no se pueda salir y que ni las ambulancias ni los bomberos entren cuando las calles están anegadas.”.
Otros vecinos destacan que el hospital de referencia queda muy lejos (es el de Romero, que está a más de 40 cuadras) y que en la Unidad Sanitaria del barrio rara vez hay un médico. todo lo cual dificulta el acceso a la salud y favorece el deterioro de la calidad de vida
Para Celeste Furlotti, nutricionista de CONIN, todas estas condiciones que rigen en muchos barrios hacen que el esfuerzo de cada día se destine a resolver la emergencia: “se vive al día, sin proyecto y sin poder pensar en el futuro”.
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