NORA GOMEZ
Directora del ILPLA (Conicet-UNLP)
Los dragados y la modificación del régimen hidrológico de los humedales costeros mediante terraplenado y construcción de compuertas en los arroyos, entre otras intervenciones humanas, han cambiado la morfología de la costa alterando la integridad del hábitat costero y de las comunidades de vegetales y animales que residen allí. A esto debe sumarse la acumulación de escombros depositados en la línea de costa, remanentes de las actividades productivas provenientes de las excavaciones para la construcción, o bien de la renovación de infraestructuras de las ciudades.
La modificación de la sucesión natural de la vegetación ribereña, conformada por juncales, pajonales y árboles adaptados al ingreso del agua en la costa como consecuencia de la actividad humana, es otro factor clave en la ecología costera.
La preservación de la vegetación de la costa es fundamental, ya que las plantas acuáticas, junto al suelo en el que se asientan, sirven de hábitat para numerosas especies, proporcionándoles alimento y refugio y favoreciendo además la estabilización de los sedimentos y los procesos de autodepuración.
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