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Fabian Casas: escritos bonsai

Fabian Casas: escritos bonsai

Por Redacción

Trayendo a casa todo de nuevo es la recopilación de ensayos que el poeta de Boedo publicó a lo largo de los años y, por supuesto, una maravillosa oportunidad para adentrarse en su mundo barrial, lúcido y, usando una palabra propia del autor, terriblemente demoledor

Son textos sin pretensiones. Textos que van desde la paternidad, pasando por el padrinazgo y la infancia, hasta el rescate de la intimidad y una honesta guía literaria para lectores voraces. Trayendo a casa todo de nuevo (emecé) es un recorrido gracioso y personal por el universo de uno de los autores argentinos más originales de los últimos tiempos. Mezcla de rocker con karateca y poeta barrial, Fabián Casas (Boedo, 1965) demuestra una sensibilidad congénita para meter el dedo en la llaga y hacer que la experiencia de su lectura se vuelva, hasta para los lectores más desprevenidos, un momento tierno y sublime.

El libro tiene que ver con la experiencia y una reivindicación de la vida privada, según se ocupó de explicar el autor en más de una oportunidad. Es un libro que reúne ensayos publicados a lo largo de los últimos años y en diferentes formatos, como conferencias o revistas laterales y el libro inédito El taller nómade .

“Veo en general que las personas no tienen vida privada, están todo el tiempo dando cuenta de algo que no se entiende bien para qué, una obsesión que pasa por formatos digitales y siento muy improductiva”, asevera el autor de destacados poemarios como “Tuca” y el “Salmón”; emblemáticas novelas como “Los Lemmings” y ganador del prestigioso premio Anna Seghers.

Estos textos compilados “también fueron una reacción -afirma-, tratan sobre tener experiencia real, no estar poniendo distancia y permitirte vivirla: “Estás viendo una banda de rock y ponés adelante el celular para filmar ¿Por qué no mirás? Estás con tu hijo y tenés que escribir `estoy con mi hijo pasando un gran momento` en Twitter ¿Por qué no dejás que las cosas se pierdan en el tiempo?”. Está bueno permitirte que las cosas pasen a través tuyo, te modifiquen y reconocer y aceptar tu inmortalidad, uno aprende no sólo de los libros que lee sino de la gente con la que se vincula, los maestros aparecen cuando menos lo esperás”, insiste el autor de “Un día en la cancha”, donde deviene víctima de un padre “convertido en mandril de 80 años con el culo rojo”; o “Lovely Rita”, una oda a lo que lo mantiene feliz: esposa, hija, amigos, perro, caminatas y rutinas.

Las biografías son un punto central en estos ensayos -Vladimir Navokov, V.S. Naipaul, Salvador Benesdra- y el libro tiene algo de autobiografía en la forma en que fue armado, respetando las reiteraciones y contradicciones, sin demasiada edición, dando cuenta del proceso vital en el pensamiento del escritor.

“Para mí una de las cosas más lindas que me dicen es que fueron a buscar libros a partir de lo que leyeron acá, me encanta cuando uno se olvida del que escribió y va a buscar lo que recomendó ese escritor”, asegura, y eso hace en estas páginas con escritores como Cormac McCharty (“quien te regala un libro de McCharty te está regalando un pedazo de dolor”, escribe), Bolaño, Tolstoi y Zambra o editoriales como Caja Negra.

“Hay páginas donde doy cuenta de los itinerarios para conseguir los libros, me parecía que estaba bueno dar cuenta de cómo fui llegando a cada uno”, explica.

Por otra parte, de esa manera estos ensayos conservan el tono autobiográfico con “esa cosa de frescura y precariedad de la vida -señala-, eso de que pensás en algo, que te equivocás, que pasás, que volvés a repetir, lo que te pasa en la diaria”.

Para el escritor “la biografía no es menor porque determina un poco lo que se escribe, saber cómo vivió Kafka, la relación que tuvo con el padre, te explica algo, te da ciertas nociones sobre su escritura, cosas en las que por ahí no hubieses reparado, y te pone como en estado de incertidumbre”.

En este punto, Casas habla del estado de “eterno principiante”, algo que aprendió a valorar en el `dojo` (lugar donde se practican las artes marciales japonesas). Sucede que Casas hace más de 10 años que entrena en karate, y lo transmite en el ánimo sereno, lúdico y despojado de sus últimos ensayos.

“Me gusta reconocer que tenés que volver a aprender todos los días -asegura-, porque decir soy el mejor en algo y tener que reafirmarlo agota, es como convertirte en un esclavo de eso”.

Para Casas “escribir es una cosa más de la vida cotidiana, otra forma de dar cuenta de cómo uno quiere modificar el mundo. No es como `bueno, yo cambio el mundo cuando escribo y después no`, es una acción que va en todo lo que hacés: familia, laburo, amigos, estudio. Si realmente vas a ser escritor nunca se sabe”, concluye.

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