“Camino para agradecer el don de la vida, el tener amistades, pedir por la salud, el trabajo y la familia”, decía María del Carmen, una profesora de 33 años que llegó desde Santa Rosa, La Pampa, y participaba ayer de la peregrinación. El año pasado ella había pedido por la salud de un tío: “Él hoy está bien, gracias a Dios y la Virgen”, comentó agradecida y confesó: “generalmente, lo que pido se va dando”. Monseñor Ares, por su parte, contó que “cada peregrinación es distinta, el lema de este año es ‘María, danos tu mirada para vivir como hermanos’. La Virgen nos acompaña en todo el camino, que refleja el camino de la vida, para nosotros y para construir nuestra Patria”. Ares participa de la peregrinación desde su cuarta edición, en 1978, cuando tenía 14 años; hoy, como obispo de Devoto, fue el encargado de bendecir la imagen peregrina de la Virgen que encabeza la marcha de los 60 kilómetros que separan a la iglesia de San Cayetano, de la Basílica de Nuestra Señora de Luján. El obispo comparó la mirada de la Virgen con la de una madre: “Es una mirada intuitiva, pacificadora, solidaria, compasiva, que protege; es la que tenemos que tener cada uno de nosotros para contemplar al otro como hermano y no como enemigo”, afirmó. “En lo personal, durante la peregrinación me siento pueblo, no conozco al que está al lado pero vamos para el mismo lugar”, expresó Ares, y llamó a trasladar esa experiencia “a lo cotidiano”. Otro peregrino, Santiago Delfino, un comerciante de 44 años, llegó anteayer a Buenos Aires con otras 60 personas de La Pampa y pasaron la noche en un convento de Castelar para poder seguir a la imagen peregrina, que partió puntualmente a las 12. Santiago destacó la “sensación de paz” que queda luego de terminar la peregrinación: “Es algo que no se puede explicar, un tiempo en el que estás en paz total”.
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