Aquí se lo dijo antes y se lo reitera ahora: que el Estado financie el fútbol profesional, con miles de millones de pesos gastados en los últimos años en el programa Fútbol para Todos, es una inmoralidad frente a los indicadores sociales que tiene el país, como el 32,2% de pobreza y el 6,3% de indigencia.
Esas partidas presupuestarias, que el Poder Ejecutivo aún destina a la AFA por la televisación de los torneos, bien podrían ser afectadas a otras problemáticas, de las tantas acuciantes que tiene la Argentina.
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