“No podemos hacer nada”, suele ser la frase más escuchada por las víctimas una vez que la policía acude a intervenir ante un “escruche”, el nombre que se le da a este tipo de robos sucedidos cuando en el lugar no hay nadie. La conclusión de los efectivos suele referirse a lo complejo de ubicar a un delincuente que actúa de esa forma: se necesita el trabajo pericial, la eventual identificación de algún sospechoso y luego su búsqueda en un operativo o allanamiento.
“En general, como no hay gente que padezca en carne propia este tipo de robos, suelen quedar en un segundo plano a la hora de la investigación”, reconocen por lo bajo algunos detectives.
Hasta las víctimas se terminan conformando con no haber estado cara a cara con los delincuentes: “Por suerte no nos hicieron nada”. De cualquier modo, todo desencadena trastornos y una sensación de desprotección.
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