ExoMars es un proyecto de la ESA (la agencia espacial europea) y la agencia rusa Roscosmos para buscar vida de tipo bacteriano en la superficie de Marte. Se quiere comprobar si hay o hubo vida en el planeta, que en su origen tenía condiciones similares a la Tierra y, por lo tanto, favorables a la vida. Para ello es fundamental el análisis del gas metano y del agua, elementos que en la Tierra están relacionados con la aparición de la vida. El proyecto tiene dos misiones: la primera fue el lanzamiento de ExoMars en marzo, con el Orbitador de Gases Traza y Schiaparelli, y la segunda será el lanzamiento de un rover en 2020, que deberá aterrizar sobre el planeta, se moverá por él y taladrará hasta 2 metros su superficie para sacar pruebas. La ESA colocó anteayer el Orbitador de Gases Traza en la órbita adecuada de Marte, desde la que hará las mediciones del metano y servirá de comunicación con el rover a partir de 2020. La función fundamental de Schiaparelli era demostrar nuevas tecnologías europeas para descenso y aterrizaje, concretamente el control de la orientación y velocidad en el contacto con la superficie. “Tenemos datos de parámetros de la atmósfera, de trayectoria y de efectividad del paracaídas”, dijeron desde la ESA, donde se calificó el experimento como “éxitoso, aunque el aterrizaje no haya sido perfecto”.
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