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Una retórica exasperante para el Partido Republicano

Por Redacción

Donald Trump necesitaba algo que cambiara el juego. En cambio, dejó a muchos perplejos. Cuando el candidato republicano a la Casa Blanca se negó a decir si aceptaría los resultados electorales, conmocionó a la democracia de su país y flirteó abiertamente con la idea de una transición disputada de poder. Eso hizo sombra a su aparición en el debate, por lo demás una mejora respecto a los otros duelos. Y con una frase corta, casi de pasada, creó un dolor de cabeza para todos los republicanos que optan a la reelección en sus cargos, a los que se les preguntará una y otra vez si defienden o rechazan a su candidato. “Los mantendré en suspenso”, afirmó Trump cuando se le preguntó el miércoles, en el tercer y último debate, si prometía aceptar los resultados. Fue un momento demoledor, pese a que se lo podía ver venir. Ante su caída en los sondeos, Trump apeló a acusaciones sin pruebas sobre los medios a los que tildó de corruptos, y sobre un probable fraude en las urnas.

Esa retórica exasperó a un partido republicano ya dividido por la candidatura y temeroso de su futuro. Antes del debate, el compañero de fórmula de Trump, su directora de campaña y su hija habían dicho que aceptaría los resultados de los comicios. Los esfuerzos del magnate por sembrar dudas sobre el resultado provocaron una condena del presidente, Barack Obama, que los describió como “sin precedentes”. Pero bajo los focos y en horario de máxima audiencia, Trump demostró que no cederá ante las críticas ni las convenciones de ningún bando. Como durante toda la campaña, optó por canalizar la charla imprecisa y la frustración de los americanos desarraigados, sin importar las consecuencias. Por su parte, Clinton describió la respuesta de Trump como “espantosa”. “Así no funciona nuestra democracia. Llevamos 240 años aquí”, dijo. “Tuvimos elecciones libres y justas. Aceptamos los resultados cuando quizás no nos gustaban. Y eso es lo que debe esperarse de cualquiera en unas elecciones generales”.

El y Clinton tuvieron un último debate en gran parte sustancial y centrado en temas de poca atención en los duelos previos, como el aborto, el control de armas y la inmigración. Pero Trump fue perdiendo la paciencia. “Qué mujer más repugnante”, replicó en un momento. Pero el miércoles, sólo fue la segunda frase más memorable de la noche.

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