JOY, EL NOMBRE DEL ÉXITO, de David O. Russell.- Otro film que está basada en hechos reales. Y otro ejemplo de perseverancia femenina en un mundo de hombres que andan mordiendo cerca. Está inspirada en la vida de la inventora de un lampazo de última generación que barrió pisos y lealtades. Y desde esa empeñosa mujer se lanza una mirada farsesca pero punzante sobre el sistema, sobre sus implacables exigencias y sobre sus miserias. Hay algo de mafioso en ese mundo de hallazgos y negocios que tiene a las “ventas” como una súper droga que obliga a arrasar con todo.
Jennifer Lawrence le da consistencia a esta madre que vive bajo un clima hogareño de fuerte presión, con padre tarambana, madre aislada y una media hermana envidiosa. Su lucha es un mensaje que va más allá de honrar al feminismo. Sus logros, tan entrecruzados, muestran la cara más cruel de un sistema feroz y los reclamos de una familia desgastante. La primera parte trastabilla por su costumbrismo ramplón, su tono de fábula ingenua y sus forzados recursos. Pero al final, cuando se pone seria, y la pintoresca señora sale a defender su integridad y su bolsillo, el film se hace valer. (*** ½)
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