En “La muerte silba un blues”, la escritora, docente y guionista ecuatoriana Gabriela Alemán se “apropia” del modo de producción que el cineasta español Jesús “Jess” Franco usaba para su trabajo, con objeto de componer un puzzle de historias que compartan una misma atmósfera en distinto tiempo y espacio, en este caso menos cómico o lúdico que claustrofóbico.
El libro, que recién llega a la Argentina publicado por Random House, hace serie con otros de autoras en lengua castellana como la española Belén Gopegui o la argentina Selva Almada, acaso con el inconfesable pero muy rentable objetivo de repetir una segunda época para el boom de la literatura hispanoamericana, en un giro más universitario que lingüístico.
Alemán nació en Río de Janeiro en 1968, pero vive y estudió en Ecuador. Escribió, entre otros libros, “Maldito corazón”, “Zoom”, “Fuga permanente” y “Álbum de familia”. Ha recibido la beca Guggenheim, y tiene un doctorado por la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, Estados Unidos.
¿Pero quién es Jess Franco y qué atributo de él la empujó a escribir un libro que tiene a ese director de cine flotando como a un espectro? “La pasión de Franco por el cine -dice ella-, por producir de cualquier manera, de encontrar nuevas formas de seguir haciendo lo que le gustaba aún sin dinero. De inventarse un método de producción que remitía a los inicios del cine, antes de que se profesionalice. El trabajo que hacía con tipos humanos en lugar de con actores profesionales. Lo que quise hacer, en rigor, era utilizar los mismos personajes en distintas geografías y épocas. Repetir situaciones, trasladar sensaciones. Franco tomaba un mismo personaje y lo hacía “actuar” en distintas películas sin que los actores supieran que se enfrentaban a varios guiones. Lo lograba entregando solo el guión del día. Eso era lo que pretendía con el libro”.
EDITORIAL: Random House
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