El debate sobre la presencia de los celulares en las aulas y el uso que se hace de ellos es tan antiguo como los celulares inteligentes. Pero tiempo atrás se disparó con fuerza, cuando un profesor universitario uruguayo escribió una carta donde contaba que abandonó la docencia porque le resultaba imposible captar la atención de sus alumnos. “Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla”, escribió en su blog el periodista y docente de la carrera de Comunicación de la Universidad (privada) ORT de Montevideo, Leonardo Haberkorn.
Para el ministro de Educación bonaerense, Alejandro Finocchiaro, el camino iría en sentido contrario. “Hay que terminar con maestras dando clases sobre Italia en un mapa (ejemplificó) mientras muchos chicos usan las redes en sus celulares o tablets. Si en vez de escuchar con qué países limita Italia y demás, pudiesen reunirse de a tres con el celular de uno y la maestra les encargara búsquedas sobre música, deportes, atractivos turísticos de aquel país, mechando eso con los datos más duros, captaría sin dudas su atención”, aseveró el (también) profesor universitario que encabeza la dirección general de Escuelas.
OTRAS OPINIONES
El docente José Maldonado dijo que los teléfonos inteligentes en clase nunca fueron un problema. Al contrario. Conciente de que los chicos están muy habituados a su uso, decidió darles utilidad en el aula. “Con el celular bajamos distintas aplicaciones, desde una computadora científica a simuladores para medir tensiones, que son sofisticados y la escuela no los tiene”, ejemplificó el alumno Matías Diz Rendani del industrial Albert Thomas.
Especialistas en educación, profesores y estudiantes consultados coincidieron en que el impacto de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana de los adolescentes “es tan fuerte que los celulares aparecen en el aula aún cuando se los prohíbe. Y lo hacen como elemento de distracción o, cada vez más, como auxiliares del aprendizaje”.
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