Como un foco de indagación social que intenta sustituir los modos gastados del periodismo tradicional, la crónica encarna un fenómeno que se mide por la conquista de espacios cada vez más visibles, aunque la falta de inversión en el género restringe todavía su potencial expresivo, según analiza el periodista argentino Roberto Herrscher en su libro “Periodismo narrativo”.
No se trata de un género incipiente instalándose lentamente sobre la escena cultural: el llamado periodismo narrativo que se propaga por publicaciones digitales reactualiza el legado de una estirpe de escritores y reporteros -George Orwell, Gabriel García Márquez, Truman Capote- que desde perspectivas dispares entre sí han trazado nuevos posicionamientos para abordar la realidad.
“Estamos mucho más cerca de la realidad, de la verdad, que el cansado periodismo de los medios tradicionales”, remarca Herrscher, autor de obras como “Los viajes del Penélope”, “El arte de escuchar” y “La noticia deseada” y en paralelo director del máster BCN-NY lanzado en conjunto por la Universidad de Barcelona y su par académica Columbia University.
En “Periodismo narrativo” (Marea Editorial), el autor delinea una hoja de ruta tan amena como rigurosa que recorre las herramientas de la crónica, direcciona las dificultades en la construcción del punto de vista y confronta las miradas de los principales referentes de la disciplina.
Las estrategias para establecer un pacto de confianza con el entrevistado, así como las dificultades para construir un relato en torno a un suceso y la urgencia en desmarcarse de temáticas estigmatizadas -como la predilección por los freaks y las historias de superación personal- son algunos de los temas que analiza Herrscher a la hora de hablar de su nuevo libro. “Antes de Internet un argentino no conocería en el momento de su producción los ensayos narrativos que escribe Juan Villoro, ni un colombiano la obra de no ficción de Martín Caparrós -dice-. Pero está el peligro de que nos quedemos estancados, encantados de habernos conocido, como dicen en España. Hay un boom cuantitativo de producción y de consumo, pero no hay mejores condiciones para que los periodistas jóvenes hagan buen periodismo narrativo. Y no hay un crecimiento en la calidad de los textos. Hay crónicas buenas y malas, como siempre. Las voces genuinamente originales siguen siendo pocas”.
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