La gente que por la condición de visitante del equipo al que sigue, en este caso la de Estudiantes, aseguró su protagonismo con una masiva presencia en la concentración de City Bell. Si, una historia que volvió a repetirse, porque ya es repetida la movilización de los albirrojos al Country Club las veces que el conjunto Pincha juega el clásico con Gimnasia como local.
El cielo gris y la lluvia que cayó en forma intermitente no pudieron evitar que una verdadera multitud copara la concentración del plantel estudiantil, con camisetas, gorros, banderas, bombos, tambores y trompetas. Todo lo necesario para desplegar una fiesta en rojo y blanco que le dio marco a las últimas horas de espera.
Más de cuatro cuadras ocupó la caravana estudiantil, con hinchas que acompañaron al equipo en la previa del clásico disputado en el estadio de 60 y 118
Familias enteras empezaron a ingresar al predio, desde mucho antes del mediodía, y obviamente el clima fue ganando intensidad, y pasión, cuando los fanáticos pudieron acercarse a la concentración de un equipo que esperaba este acompañamiento, pues ya se ha convertido en una tradición.
Una fiesta que a medida que los minutos pasaron, y el viaje al Bosque se hizo más inminente, se multiplicó, y levantó vuelo al compás de la música que retumbó, las gargantas que repitieron canciones de tribuna y saltos que intentaron levantar lo más alto posible figuras que tenían pintadas en la cara sonrisas llenas de esperanza.
Todo se organizó de modo impecable para que cuando la delegación caminara en dirección al ómnibus que la trasladaría hasta 60 y 118, sintiera con toda la fuerza posible el respaldo de la gente a un equipo que de nuevo entraría a una cancha completamente azul y blanca.
Hubo un grupo que resultó algo así como el corazón de un verdadero carnaval de alegría, y hombres, mujeres y niños, en muchos casos reunidos en grupos familiares, completaron un cuadro conmovedor, porque sintetizaron la unión que puede representar el fútbol bien entendido, el que no tiene la contaminación de la violencia.
Explotó el Country cuando el equipo empezó a abandonar la concentración para subirse al ómnibus, y en esas circunstancias se produjo el esperado contacto de la gente con jugadores que agradecieron las muestras de afecto con manifestaciones recíprocas, que se proyectaron en palabras, brazos en alto y dedos pulgares en alto, como asegurando el mayor esfuerzo posible.
Largos minutos demoró la subida del plantel, y cuando las ruedas empezaron a moverse buscando la calle, el transporte quedó envuelto en una marea rojiblanca, que extendió el ida y vuelta de la gente con los jugadores que saludaron con ganas a través de los vidrios de las ventanillas.
Por unos minutos, la delegación perdió de vista a los fanáticos, pero hubo una razón: tuvieron que ir a buscar los vehículos en los que habían llegado para darle forma a la caravana que viajó desde City Bell.
Motos, desde las que se agitaron banderas, automóviles y camionetas ocuparon más de cuatro cuadras, desde el Country Club, haciéndose notar además por el sonido de las bocinas que alertaron a muchos que, hasta desafiando la lluvia, que de todas formas no era muy intensa, salieron a las veredas para saludar.
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