La reforma electoral que impulsa el gobierno y que ya tiene media sanción de la Cámara de Diputados, entró en un cono de sombras en el Senado. Allí, un sector del FpV se opone abiertamente a dejar de utilizar las boletas de papel, pese a todos los trastornos que este vetusto sistema viene provocando en los últimos años. Otro grupo de senadores, en cambio, aceptaría la Boleta Única Electrónica (BUE), pero sin el chip que permite agilizar el conteo de los votos, como se comprobó en la provincia de Salta y en la ciudad de Buenos Aires. La desconfianza a la nueva tecnología podría revelar, en el fondo, cierto temor a la decadencia de los aparatos partidarios y consecuentemente de los punteros.
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