Sereno, medido, estudioso, obsesivo. Así se muestra Vivas desde su regreso al club, primero en la reserva y desde ya hace un tiempo al frente del grupo principal. Y entre varias de las situaciones que vive día a día con cada entrenamiento, festejar de manera mesurada cuando el equipo convierte se volvió una costumbre, hasta ahora: “Me cuesta gritarlos pero por dentro siento emoción, sobre todo cuando el equipo representa en cancha lo que trabajamos. Me siento equilibrado y emocionalmente mucho más estable”, había marcado el entrenador en la previa de lo que terminó siendo una victoria más ante otro rival de jerarquía.
Y este nuevo festejo tuvo que ser más trabajado que los anteriores, porque Racing desde el arranque lo incomodó y lo llevó de a poco bien cerca de Nahuel Losada, sobretodo en el primer tiempo. Tras el gol de Acuña la noche no amagaba con ser la ideal. Pero apareció la reacción rápida y el empate de Viatri.
Sin lucir, sin derrochar más que energía y empuje. Así fue el complemento, testigo del carácter del Ruso Ascacibar y su sociedad con Israel Damonte, el trabajo de Viatri casi infaltable y la cuota de fútbol que permanentemente intentó aportar Lucas Rodríguez. Todo ese combo tuvo el premio mayor cuando Javier Toledo facturó el centro de Vargas. Y ahí la explosión de sus compañeros y también del técnico. Si, Vivas dejó por un puñado de segundos esa imagen tan trabajada para dejarse llevar por la emoción y entregar todo de cara a los hinchas, que vieron una vez más como este equipo se cargó a otro adversario difícil, y sigue mostrando que tiene argumentos válidos para estar donde está.
“Es un grito con mezcla de desahogo y alegría. Haber conseguido la mayoría de puntos disputados, es algo que era difícil de imaginar en el inicio”, Vivas. El metódico que ahora sabe descargar.
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