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Loros justicieros

Por Redacción

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

Mail: afcastab@gmail.com

Entre las mascotas, el loro ocupa un lugar secundario, muy lejos de las super estrellas –perro y gato- pero es dueño de un don que le envidia la tribu: el loro puede repetir todo lo que escucha, incluso con sus énfasis, una cualidad inigualada que le permite compartir secretos con sus amos y que a los gastados “guau y miau” los deja a la altura de un simple ruido.

Ahora se supo que el palabrerío atrevido de dos loros, uno en Michigan y otro en Kuwait, puso en jaque tranquilidades hogareñas y obligó a la intervención de la justicia. Un hombre fue asesinado en Salt Lake, Michigan, y acusan a Glenna, su mujer. Cuando llegó la policía a la casa, a Marty Duram lo encontraron muerto, tenía un balazo en la cabeza y a su lado Glenna estaba herida. Ella dijo que los habían atacado dos delincuentes y todo sonaba creíble. Pero el loro, entró en escena y los investigadores empezaron a mirar para otro lado. El pajarraco había visto todo y empezó a repetir imitando la voz del hombre: “¡No tirés, carajo!... ¡no tirés, carajo!”. Ahora la dueña de casa puede ser condenada. Y el loro saca pecho ante los detectives.

Garro organiza la gran mudanza del Zoo. Los loros se habían acostumbrado a la vecindad y gritaban goles y chiflidos como si estuvieran en la popu. Hoy muchos aceptan a regañadientes incorporarse al nuevo modelo de un país que quiere menos tigres y más ladrones tras las rejas

El otro loro, estrella de la semana, vivía en Kuwait junto a una pareja de cuarentones sin hijos. Desde su palo, venía escuchando los diálogos picantes del patrón y la mucama. Y decidió no quedarse callado. Una mañana, mientras la dueña de casa le cambiaba el agua, el loro empezó a recitar: “vamos a la cama Farah que ella no está, prrr vamos a la cama Farah que ella no está, prrr”. La patrona venia sospechando algo y tomó el estribillo del ave como prueba irrefutable. Cuando llegó el marido, estalló. El tipo negó todo. “Le crees más a un loro de mierda que a mí”. Mientras buscaba atajos, el loro, desde de la antecocina, seguía invitando a la mucama a la cama. Y todo se derrumbó. “Nunca –dijo la dueña de casa- el loro había utilizado un lenguaje tan zafado”. Ella quiso usarlo como testigo en el juicio, porque allí el adulterio es un crimen que se paga con la cárcel. Pero la justicia no hizo lugar. Hoy, sin marido, sin sospechas y sin mucama, solo el loro y su denuncia se escucha en la casa. La señora no sabe qué hacer para que cambie el libreto. Le prende la TV, le habla al oído, le consiguió una lorita escuchadora. Pero no hay caso. El lorito sigue nombrando a Farah y la sigue invitando a la cama.

Fue una semana con otras animaladas. El intendente Garro continúa depurando la planta permanente del Zoo con traslados forzosos y prepara el predio para transformarlo en un parque de bajo consumo, sin rugidos ni grandes comilones.

Garfunkel y señora pagaron un alto arancel por pasear en esos parques, tan preparados para la cacería, que los pobres animales cuando ven una combi levantan las manos

Y a Matias Garfunkel y señora lucen dichosos después de haber matado un león con una carabina de alto impacto. No fue el único ejemplar que bajaron en ese viaje. En las fotos se los ve como un par de cazadores sin riesgo que van de shopping a la jungla. Ellos pagaron un alto arancel por pasear en esos parques, tan preparados para la cacería, que los pobres animales cuando ven una combi levantan las manos.

Lo de Garro es más difícil. Tiene en el gabinete más de un loro que le sopla infieles. Y no ignora que el presupuesto no alcanza ni para alimentar al picaflor. Sabe que no puede pedirle ayuda a una gobernadora que anda a la caza de un bicherío más autóctono y más peligroso. El Intendente decidió hace tiempo que los pensionistas del Zoo deben abandonar su condición de refugiados a fotos y galletitas. Pero van a extrañar el Bosque. Los loros se habían acostumbrado a la vecindad y gritaban goles y chiflidos como si estuvieran en la popu. Muchos aceptan a regañadientes incorporarse al nuevo modelo de un país que quiere menos tigres y más ladrones tras las rejas. La tropa platense está dando las últimas funciones a un público que antes festejaba su exotismo y bravura y ahora quieren cambiarlos mano a mano por chingolos y comadrejas. La dotación pidió una audiencia pública antes del traslado. ¿Habrá? Por las dudas al loro le hacen escuchar discursos y arengas para que haga valer su labia cuando llegue la hora de los alegatos y el adiós.

Las jaulas resisten y más de uno quiere hacer valer su antigüedad. Hay felinos que vienen arañando desde la época de Alak. Y coyotes que llegaron en una licitación de Bruera. El viejo elefante es herencia de Pinto. Y sobran trepadores y marmotas de todas las épocas. Garro quizá crea que hay demasiados peronistas en las jaulas. Sueña con una manada más leal porque hoy hasta los aliados le cascotean la jaula. Cuando ve un radical y piensa en el 2017, se acuerda del loro de Michigan: “¡no tirés carajo!”.

(*) Periodista y crítico de cine

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