En principio se distingue la ansiedad por su presencia: continua o episódica o mejor llamada situacional. Cuando una persona está ansiosa en forma casi permanente, aparentemente sin un factor preciptante, hablamos de ansiedad generalizada: Surge de la presencia continua de ideas o imágenes relacionadas con alguna situación anticipada como amenazante, relacionada con hechos comunes del diario vivir, que aunque factible es poco probable de que ocurran. Por ejemplo: si viaja un ser querido le preocupa que pueda ocurrir un accidente; si debe esperar el resultado de estudios médicos ronda su mente las peores ideas, es decir la mente de esa persona está invadida permanentemente de esas preocupaciones que le generan intensa angustia. Su estado emocional está dominado por la incertidumbre.
¿Cuáles son las episódicas?
En primer lugar las fobias: este término hace referencia a un temor especifico y exagerado o sobredimensionado hacia un objeto, animal o circunstancia y lo caracteriza un intenso deseo de evitar la situación temida o huir.
La otra forma de ansiedad episódica es la crisis de pánico: un repentino estado de terror, con convicción de que algo grave pasa en el cuerpo acompañado de sensación de desmayo, perdida de control o muerte inminente.
¿Cuál es la expresión de la ansiedad más intensa?
Las manifestaciones de ansiedad alcanzan su máxima expresión en las crisis de angustia o pánico, en las cuales se distinguen algunos síntomas que resultan de la amplificación de los descriptos en la ansiedad común a la mayoría de los trastornos, junto a otros, tan particulares, que han llevado a algunos autores a considerar que se diferencian cualitativamente de cualquier experiencia de ansiedad común. Resulta evidente que la fuente de amenaza es interna, procede del propio cuerpo del sujeto, a partir del significado que le da a los síntomas fisiológicos de ansiedad, los que se precipitan súbitamente y en pocos minutos alcanzan su intensidad máxima. Es decir en el pánico la persona teme a las mismas manifestaciones de ansiedad, pensando que significan que algo grave le está pasando. Se identifica esta reacción como miedo al miedo. La más mínima sensación corporal desencadena pensamientos catastróficos que en una espiral progresiva y veloz lo lleva a la crisis.
Se instala, además, después de sufrirlas, el temor a que se repitan y así se instalan progresivamente temores a salir y no contar con ayuda, los discapacita para trabajar. También temen quedar solos en su hogar, lo que genera una problemática también familiar.
* Director de CETEM
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