Joaquín Morales Solá
LA NACION
Acerca de “las ráfagas de fragilidad que a veces sacuden a la alianza que gobierna” trata la columna de Morales Solá. “El caso del proyecto sobre Gils Carbó y los fiscales fue una secuencia de errores, encadenada por la voluntad de Macri, comprensible, de echar de su inmerecido cargo a la procuradora general”, añade. “Macri tiene un Congreso en minoría y atraviesa un año de recesión económica. Esas dos circunstancias condicionan la política y el análisis. En el Congreso, el Presidente tiene al frente a algunos referentes peronistas leales en la negociación, como es el caso del senador Miguel Pichetto. Otros lo son menos. Sergio Massa, por ejemplo, que en la semana pasada se acercó dos veces al peronismo kirchnerismo o poskirchnerista”. Massa, añade, “amenazó con sepultar la reforma electoral al convertir en manual el conteo de los votos, que era electrónico en el proyecto que él mismo había aprobado en Diputados. El conteo manual fue la gran herramienta electoral del peronismo bonaerense. La renovación política que proclama Massa se queda siempre en bellas palabras. Sus actos las borran luego”.
Mario Wainfeld
PAGINA 12
Sobre lo que considera como una mala semana del Gobierno en el Congreso -en alusión a la ofensiva contra Gils Carbó “frenada por ahora” y a los recelos contra el voto electrónico en el Senado- trata la columna de Wainfeld. La nota comienza con una reseña de seis supuestas embestidas de Macri contra las instituciones, entre las que agrega la detención de Milagros Sala, el protocolo antidisturbios emitido por Bullrich, la derogación de la ley de servicios de comunicación audiovisual y la designación por decreto, luego suspendida, de dos ministros de la Corte. “En menos de once meses de gestión, muchas de esas jugadas acicatearon reacciones, rechazos, fueron resistidas en movilizaciones cada vez más frecuentes y masivas”, dice. Alude luego a las estrategias que sigue ahora el gobierno para apartar a Gils Carbó. “El cuadro de situación induce a pensar que el macrismo no conseguiría hoy las mayorías agravadas que exige el juicio político. Si se aventura será clave la postura del misceláneo bloque de senadores del Frente para la Victoria (FpV). Su titular, Miguel Pichetto, respetaba a Gils Carbó hace muy poco y la defendió verbalmente en los pininos de la administración M. Pero “Miguel” es sugestionable, por decirlo con un eufemismo”. sostiene.
Eduardo van der Kooy
CLARIN
“Nunca en sus primeros once meses de poder Mauricio Macri acumuló como en los últimos días tanta contrariedad en el Congreso”, dice Van der Kooy en su columna. Sostiene que “la agenda de la derrota resultó tupida” y que massismo y kirchnerismo se asociaron para detener varios proyectos oficialistas. Reseña que el Gobierno debió recular con la reforma del ministerio público. Sostiene que “al kirchnerismo sólo le preocupa proteger a Alejandra Gils Carbó, responsable del cerco judicial para entorpecer las investigaciones sobre la “década ganada”; el macrismo y sus socios de momento hurgan los caminos elegantes para sacarse de encima a esa mujer”. Añade que “el paso en falso del Gobierno no resultaría inocuo. Para varios jueces de Comodoro Py podría tratarse de una señal de poca fiabilidad”, en momentos en que “el vértigo de las investigaciones por la corrupción K ha mermado”. Afirma que “un avezado dirigente que conoce palmo a palmo Comodoro Py dejó una inquietante conclusión: “Hay jueces que empezaron a fumar bajo el agua”, describió. ¿Qué significa eso? Que esperarían el acomodamiento del Gobierno para saber qué capacidad operativa y de fuego será capaz de conservar en campaña y después del veredicto de las urnas”.
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
Sobre políticos opositores que se dedican a “cerrar acuerdos en los despachos” y después a “sacar chapa de hipercríticos en las veredas”, trata la columna de Fernández Díaz. Alude a “la inefable alcaldesa” de La Matanza que demostró que la bilocación es posible: “se desvivió como una colegiala por sacarse una selfie con Mauricio Macri y luego anunció frente a Máximo Kirchner que la patria estaba en peligro”. Sostiene que “a pesar de que la reactivación tarda y la mishiadura duele, los sindicalistas confiesan encontrar en el Gabinete una alta sensibilidad para los reclamos, el Movimiento Evita teje buenas relaciones con Carolina Stanley y negocia una obra social piquetera, los combativos vicarios de Bergoglio dentro del mundo de la pobreza fustigan, pero admiten que este gobierno escucha más que el anterior, y los mandatarios peronistas los acompañan en ese curioso sentimiento: son tratados con mayor delicadeza que cuando reinaba la jefa del látigo”. Afirma luego que “el Gobierno, rodeado de problemas heredados y de grandes chingadas propias, ha echado raíces, aunque lo hizo a costa de repartir y de no bajar el gasto público”.
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