“El descubrimiento de las moléculas que regulan la autofagia por parte del científico japonés Yoshinori Ohsumi -explicó la investigadora del Conicet María Isabel Colombo- fue muy importante porque abrió nuevos caminos y avenidas de investigación en un área donde no se había logrado avanzar durante 30 años”.
Colombo, quien es Investigadora en Histología y Embriología, señaló que “la autofagia es un proceso fisiológico que ocurre en todas las células del organismo, ya se trate de seres vivos unicelulares o multicelulares, como los vertebrados”.
“La autofagia -añadió- como su nombre lo indica, implica que la célula degrada pequeñas porciones de ella misma para poder sobrevivir, recicla materiales y vuelve a construir compuestos que necesita para sobrevivir”.
La bioquímica e investigadora en biología celular, explicó que este proceso “fue descripto por primera vez a mediados del siglo pasado por otro Premio Nobel, el bioquímico inglés Cristian De Duve, quien en 1974 recibió el galardón por haber descubierto los lisosomas, que son compartimientos con enzimas degradativas que funcionan como nuestro estómago, pero a nivel celular”.
“Desde el descubrimiento del proceso de autofagia -precisó- no se había logrado avanzar hasta que el doctor Ohsumi comenzó a dilucidar las moléculas que regulan el proceso, a las cuales genéricamente se las llama ‘ATG’. El científico japonés empezó a identificarlas en un organismo unicelular, como es el caso de una levadura, pero después se descubre que todas esas moléculas tienen su equivalente en organismos más avanzados, como los vertebrados por ejemplo, incluyendo al ser humano”.
“Y este descubrimiento es tan importante -concluyó- que a partir de él se abre todo un campo de investigación sobre los procesos de la autofagia y distintos laboratorios del mundo trabajan en ella gracias a las bases que sentó Ohsumi”.
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