La figura del “hijo único” tiene mala prensa. Sin bien en la última década se fueron multiplicando los casos de parejas que deciden tener sólo un retoño, los mitos en torno a las consecuencias de la falta de hermanos siguen tan vivos como antaño y muchos padres se sienten culpables ante la imposibilidad (o la falta de ganas) de agrandar la familia un poco más.
“Actualmente la paternidad y la maternidad se están posponiendo debido a que las parejas tratan de lograr una estabilidad económica antes de convertirse en padres y por eso terminan teniendo un solo hijo”, dice Silvina Morales, vicepresidente de la Sociedad de Pediatría de La Plata.
El último censo que se hizo en Argentina en el 2010 mostró que existe una tendencia a que las parejas tengan menos cantidad de hijos y que los hogares con un solo niño aumentaron significativamente en los últimos años. La falta de dinero o de lugar en la casa para un hijo más, la postergación de la maternidad hasta el límite de lo biológicamente recomendable y la priorización de la carrera se encuentran entre las principales causas.
“Una desventaja de no tener hermanos es que el chico que crece rodeado de adultos suele madurar prematuramente. Y lo ideal es que eso no pase para que no queme etapas”
Morales cuenta que recibe la consulta de muchas parejas que proyectan convertirse en padres y estiman que no podrán tener más que un hijo: “Hay un mito muy arraigado que sostiene que los hijos únicos son egoístas, muy mimados, complicados, demasiado introvertidos o extrovertidos y solitarios, entre otros atributos que asustan a los futuros padres”, cuenta Morales, y tranquiliza: “Lo cierto es que no vemos nada de eso en el consultorio y las psicólogas que trabajan con nosotros tampoco. Las familias con hijos únicos son normales y los chicos tienen el mismo desarrollo que los que tienen hermanos. Los problemas que pueden tener (introvertidos, dependientes) se puede dar en cualquier familia. Es una cuestión de crianza, no de ser hijo único o no”.
En este sentido, la psicóloga Roxana Gaudio, profesora de la UNLP, coincide: “Que un niño se constituya como único hijo en una familia, por sí solo “no dice nada”, no supone un estatuto concluyente en la psique en organización. Si dicha condición adquiriera una significación de relevancia, habría que ubicarla en relación a las singulares coordenadas que atraviesan la historia de origen del pequeño”.
Morales reconoce algunas características que tienden a repetirse en las familias con un solo hijo, pero lejos de ser perjudiciales para los chicos, en la mayoría de los casos resultan ventajosas.
“Los hijos únicos generalmente tienen el recurso de sus padres con mayor disponibilidad para ellos. Aprenden a ser más críticos, más observadores, tienen más interacción con sus padres y una atención individual y personalizada”
“Vemos que los hijos únicos generalmente tienen el recurso de sus padres con mayor disponibilidad para ellos. En lo que respecta a la escuela, tienen las cosas en tiempo y forma. Aprenden a ser más críticos, más observadores, tienen más interacción con sus padres y una atención individual y personalizada y en algunos casos, un mayor rendimiento. Pero eso depende de la dedicación del papá. Algunos padres de muchos hijos pueden dedicarse de la misma manera”.
La “contra” de ser hijo único
Una desventaja de no tener hermanos -plantea la especialista- es que el chico que crece rodeado de adultos suele madurar prematuramente. “Desarrolla otras destrezas y en la conversación con los padres se los ve más maduros, pero lo ideal es que eso no pase para que no queme etapas. Por eso los pediatras recomendamos muchas actividades grupales para que compartan tiempo con pares. Tratamos de que estén rodeados de otros niños”, dice Morales.
Otro inconveniente que suele aparecer es que al no verse obligados a disputar la atención de sus padres, ni el espacio ni sus juguetes, pueden mostrar dificultades al momento de tener que compartir con otros niños. Y puede que se aburran un poco más que los chicos que tienen con quien jugar en la casa. A su vez, tampoco tienen hermanos con quienes compartir las exigencias, frustraciones, miedos y errores de sus padres.
Gaudio plantea que además del tipo de relación que los padres establecen con sus hijos y de los enunciados identificatorios que les ofrecen, también influirá en el desarrollo de la psique la posición que los chicos ocupan dentro de la familia como el momento que atraviesan sus padres cuando llega el hijo.
“Por otra parte, otra consideración de relevancia en relación a lo planteado, implica tener presente el modo particular en que el niño podrá responder frente a lo que los otros significativos que lo constituyen le han ofertado, frente a los enunciados identificatorios formulados, frente a los modos en que ha sido nombrado y anticipado”, señala Gaudio.
En definitiva, de acuerdo a lo que señalan los expertos, es la crianza la que incide sobre la personalidad de los hijos y no el hecho de tener hermanos o no.
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