El alemán Timothy Ray Brown seguía una terapia contra el VIH, del que era portador, cuando le diagnosticaron leucemia. A raíz de eso le practicaron en 2007 un trasplante de médula ósea que tuvo un doble efecto: resolvió su problema oncológico, pero también hizo indetectable el virus VIH en su sangre.
Según se supo después, en el donante de la médula estaba presente la mutación genética ‘delta 32´, que hace que los linfocitos de una persona afectada por el VIH sean resistentes al virus. Además, la radiación recibida para eliminar las células cancerosas pudo haber ayudado a eliminar la sangre que contenía el virus, según consideraron después los especialistas.
Alentados por estos resultados se practicó injerto del mismo material genético en monos infectados por el virus HIV; pero no se obtuvieron los mismos resultados: en el mejor de los casos, el virus sólo pudo ser erradicado en un 99%.
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