Que una enorme porción de efectivos de la Bonaerense está “detrás de un escritorio”; con licencias o “carpetas” prolongadas o asignados a tareas de custodias fijas, es algo que la Provincia sabe desde hace ya varias décadas. El inventario que hizo ayer el ministro Ritondo no describe, en realidad, nada demasiado nuevo. Confirma, en todo caso, lo poco que se ha hecho para modificar una situación estructural en la fuerza provincial de Seguridad.
A la cantidad de efectivos que están de licencia, suspendidos o en tareas administrativas, habría que sumarle -seguramente- otras grandes cantidades: las de los que no están debidamente capacitados; las de los que no tienen suficientes herramientas de trabajo; las de los que están en condiciones físicas limitadas para las exigencias de su función... Y la lista no se acaba.
Cada nuevo gobierno parece descubrir lo mismo. En el archivo de EL DIA se pueden encontrar las pruebas de las muchas veces que ministros de Seguridad de distintas administraciones han descripto estos desequilibrios. Por supuesto, contar con ese diagnóstico es un indispensable punto de partida. El desafío es hacer algo para que los próximos gobiernos no descubran lo mismo que ahora se ha vuelto a descubrir.
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