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“Los dos City Bell”

Por Redacción

Por JUAN JOSE VENDRAMIN (*)

Hace quince días, por este mismo medio, se dio la noticia de la tala de una de las palmeras de la antigua “Unión Telefónica” en Cantilo entre 6 y 7 a manos del “progreso”. El mundo no se detuvo pero para muchos citybelenses la noticia no pasó inadvertida y fue asumido el hecho como una batalla más, ciertamente perdida. ¿Es tan importante un árbol más o menos? ¿No estaremos exagerando posturas por no querer o no poder asumir tantos rápidos y profundos cambios?

Es cierto que la vegetación no es estática ni permanente, de hecho todos los árboles de City Bell fueron plantados por alguien, algunos en la época de la Estancia Grande y muchos más en los primeros años de vida del pueblo. Las fotos antiguas certifican que City Bell nació siendo campo. También es cierto que la mencionada palmera se encontraba dentro de una propiedad privada, por lo que su poseedor tuvo el derecho e hizo con ella lo que quiso... Pero no era una planta más, ese es el tema, era parte de nuestro paisaje histórico.

La casa en la que se encontraba (construida en 1924) fue por muchos años, y hasta la aparición del famoso plan “Megatel”, la única alternativa de comunicación para gran parte de la comunidad. Todos recordamos las esperas interminables, anhelando una comunicación de larga distancia, para poder escuchar la voz de un familiar distante, compartiendo las mejores y las peores noticias. La escalera de madera garabateada (que ya no existe más), las ampollas de tetracloruro y el balde con arena para combatir el fuego, las conversaciones a viva voz (con todas las personas escuchando e imaginando la otra mitad del diálogo), todo eso forma parte de nuestra crianza y consecuentemente de nuestra forma de ser.

La palmera fue cortada para que la casona se pueda transformar en una nueva oferta comercial; molestaba. Pero también la propia casa está siendo mutilada... ¿Pueden hacerlo? Si; la ley lo permite, la casa no está protegida... no es un tema legal sino de identidad y de degradación del patrimonio. Y la pérdida no solamente incluye la propia destrucción, sino también el ocultamiento, la intervención, el ahogo.

No estamos perdiendo solamente árboles, sino también casas, espacios abiertos, silencios; estamos perdiendo el paisaje. Y con el paisaje cambian también las expectativas y valores de los neocitybelenses que llegan a habitar o visitar este nuevo ambiente.

“CAMBIO DE LIBRETO”

Posiblemente lo que pasó con City Bell es que alguien cambió el libreto, reacomodó valores y disvalores y en definitiva cambió el paradigma sin consultar ni avisar.

Desde su concepción misma, City Bell se ofreció a si misma como un sitio apacible, rodeado de naturaleza, moderno, confortable y hecho a escala humana. A lo largo de sus más de cien años de vida, muchas familias se instalaron aquí buscando la tranquilidad y calidad de vida prometida. Y la promesa se cumplía. En ese ambiente privilegiado nos criamos muchos de los que ahora lamentamos la tala de una palmera.

Por muchos años el pueblo fue creciendo más o menos armónicamente, quizás con la mirada puesta muy fuertemente en el casco céntrico y postergando a los barrios periféricos, pero no desatendiendo ni traicionando su espíritu pueblerino.

Pero en algún momento alguien determinó que City Bell sería un “Centro Comercial a Cielo Abierto” y un “Polo Gastronómico” y el crecimiento abandonó su ritmo vegetativo y se transformó en un fenómeno explosivo que lo invadió todo y cuya onda expansiva llega a todos los rincones y causa cambios profundos.

¿A usted le preguntaron si quería el cambio? Paradójicamente, como ciudadanos tenemos el derecho a elegir presidente y legisladores (e incluso, eventualmente, equivocarnos en la elección) pero nadie nos preguntó cómo queríamos vivir en nuestra propia casa.

Muchas personas consideran que quienes esgrimimos estos comentarios estamos en contra del progreso. Seguramente el verdadero progreso no es sólo el crecimiento comercial (aunque debamos reconocer que implica la creación de diversos puestos de trabajo) sino que ese crecimiento debería venir de la mano con otros beneficios para la comunidad: ¿Cuántas escuelas públicas se crearon en los últimos años? ¿Por qué no hay ni siquiera una guardia médica nocturna en todo City Bell? ¿Qué obras de infraestructura se han hecho para extender y mejorar la red de agua potable y cloacas? ¿Qué ganamos con el cambio como comunidad?.

Las casas que se transforman en locales, los espacios libres que se ocupan, la llegada masiva de visitantes y consumidores de localidades vecinas terminan siendo funcionales al modelo “City Bell comercial”; pero quedamos muchos vecinos que nos criamos y crecimos con los valores del “City Bell tradicional” que nos negamos a perder.

Como en la fábula de la gallina de los huevos de oro, rápidamente estamos destruyendo el estilo de vida con que pretendemos tentar a los consumidores para que vengan a City Bell, un lugar al que le faltan muchas cosas además del mar...

(*) Vecino de City Bell

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