El fallecimiento de Gladys Noelia Vigo provocó muestras de profundo pesar en distintos ámbitos de la Ciudad, fundamentalmente en el judicial, donde desarrolló una destacada carrera profesional.
Había nacido en la localidad de San Nicolás y vino a La Plata con sus padres siendo muy pequeña.
Cursó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal 1, Mary O. Graham, colegio del que egresó con el título de maestra.
De inmediato ingresó a la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó como abogada y escribana.
Comenzó muy joven a trabajar en la Justicia Federal, fuero en el que desarrolló una destacada carrera profesional, con más de cuarenta años en la actividad jurídica.
Se inició como empleada administrativa. Fue secretaria del juzgado Federal Nº 1, luego secretaria de la Cámara de Apelaciones y finalmente fiscal, en el fuero civil, todo en el departamento judicial de La Plata.
En todas las tareas que desempeñó, se destacó por su acendrado sentido de la responsabilidad, amplia versación y probidad para los cargos que ocupó a lo largo de su destacada labor en el ámbito judicial.
Más allá del respeto y admiración que mereció su actuación, supo cosechar el cariño de cuantos la trataron. A sus elevadas cualidades profesionales le sumó simpatía, bondad y don de gentes. Sus diálogos enriquecedores fueron siempre un atractivo especial en las reuniones sociales en las que participaba.
De firmes convicciones y sólidos valores morales, supo defenderlos con valentía ante difíciles circunstancias que debió afrontar en el desempeño de sus funciones judiciales.
Fundó su propio hogar cuando contrajo matrimonio con el profesor José Omar Chiesa -Pocho, en el círculo íntimo- formando una pareja sólida y armónica que cosechó una legión de amigos, a quienes recibían frecuentemente en su mesa generosa y plena de alegría. Tuvieron una hija, María José y una nieta, Victoria.
“Buby”, como la llamaban sus allegados, hizo un culto de la amistad, prodigándose sin retaceos, siempre dispuesta a ayudar al otro, escuchar, alentar y comprender. Por eso, su pérdida se torna más sensible para quienes la conocieron.
Vivió mucho tiempo en la zona de la Estación de trenes de la Ciudad y en sus últimos años se mudó al barrio del Parque San Martín, donde fue a vivir a una casa diseñada según sus gustos y actividades que siempre pensó desarrollar, en un hogar con diversas comodidades y espacios funcionales, y la calidez que ella le aportaba para recibir a sus amistades, generando un clima ideal en reuniones sociales que organizaba.
Nunca perdió sus lazos con su ciudad natal, San Nicolás, donde tenía sus familiares, a los que visitaba cada vez que la agenda laboral se lo permitía.
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