El caso que se expone en esta página ilustra lo grandes que son muchos de los problemas “pequeños” que denuncian todos los días los vecinos.
Por el pozo en el que se cayó un nene de 11 años se habían hecho decenas de reclamos. Les habrá parecido un problema menor; por eso nadie lo fue a resolver. Había que poner una tapa. No era demasiado complicado. Pero nadie lo hizo. Y un chico se podría haber muerto por esa mezcla de desatención y de desidia.
Pozos, pérdidas de agua, cables expuestos, postes caídos, peligros sin señalizar, falta de iluminación... la lista de “pequeños” problemas barriales es infinita. Lo que no se entiende, muchas veces, es que esas “pequeñeces” afectan directamente la calidad de vida de los vecinos y, muchas veces, pueden implicar riesgos hasta de vida o muerte.
El caso de Ringuelet lo expone con nitidez: el chico tuvo suerte. Pero no es exagerado decir que por muy poco el accidente no se convirtió en una tragedia.
¿Qué tiene que ocurrir para que los reclamos vecinales sean atendidos en tiempo y forma?
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