En el afán de estimular a los chicos para sacar lo mejor de ellos, muchos padres se comportan de modo tal que -lejos de ayudarlos a mejorar el rendimiento escolar- los perjudican. Especialistas alertan sobre los errores más frecuentes y, como contracara, señalan cuáles serían las actitudes más acertadas para acompañar el proceso educativo.
En principio, una de las conductas que las especialistas recomiendan evitar es “resolverles todo”. Plantean que esta actitud por lo general lleva a los chicos a especular con que “siempre” estarán los padres para solucionarles lo que haga falta: desde salir corriendo para imprimirles el trabajo que necesitan llevar al día siguiente y se olvidaron de hacerlo durante el día o, incluso, hacerles los deberes. Esta actitud iría en contra de la maduración de los alumnos y de la construcción de autonomía.
“Es importante que los chicos aprendan a hacerse responsables de sus cosas. Y si bien los padres tienen que estar, preguntar, apoyar, la idea es que los alumnos resuelvan”
“Es importante que los chicos aprendan a hacerse responsables de sus cosas. Y si bien los padres tienen que estar, preguntar, apoyar, la idea es que los alumnos resuelvan”, dice la psicopedagoga Cecilia Traversa.
La especialista cuenta que algunos alumnos suelen excusarse con que no trajeron determinado libro porque la mamá (o el papá) se olvidó de ponerlo en la mochila. “Asumen como natural que la responsabilidad de armar la mochila es de los padres y no de ellos”, dice Traversa.
“Los padres pueden preguntarles qué tienen que llevar al día siguiente, si tienen que estudiar algo... pero que sea el chico el que se arme su mochila, que saque punta a sus lápices y que también participe del forrado de cuadernos, como de otras tareas similares. Aunque los adultos acompañen, los chicos tienen que entender que es responsabilidad de ellos y no de toda la familia”, plantea.
En este sentido, la psicopedagoga y maestra particular María Inés Mazza, señala que desde que empieza la escolarización los padres tienen que enseñarles a ser responsables y remarca la importancia de que los adultos puedan diferenciar entre lo que implica “acompañar” y “hacerles las cosas”.
Para Mazza, acompañar significa mirar las carpetas, hacerle notar si está desprolijo, preguntarles qué temas están dando en clase y qué tienen que estudiar: “La idea es que los chicos noten que los padres se preocupan por las cosas de la escuela. Y enseñarles desde que empieza la escolarización a ser responsables con las cosas que tienen que llevar”.
En igual sentido, los expertos plantean la inconveniencia de que los alumnos asuman que las tareas y el estudio son responsabilidad del grupo familiar y no de ellos. Afirman que la obligación de los adultos pasa por garantizar que los chicos cuenten con tiempo y espacio para estudiar y ayudarlos en el caso de que manifiesten dificultad con alguna materia.
“Si no tienen tiempo para ayudarlos, los pueden mandar con una maestra particular. Algunos padres dicen ‘yo no me acuerdo de nada’ y no lo puedo ayudar. Pero a veces solo es cuestión de sentarse, porque los adultos pueden aprender en el mismo momento que los chicos”, dice Mazza, y agrega: “Los alumnos tienen que sentarse todos los días una hora, o un poco más, para dedicarla al colegio”.
Otra actitud que algunos especialistas aconsejan evitar es focalizar la relación padre-hijo en el estudio. Plantean que de esta forma se podría dañar el vínculo, ya que muchos chicos se resienten al pensar que a sus padres “lo único” que les importa es si estudian. En este sentido, recomiendan enfatizar que el interés es sobre la persona en general y no únicamente sobre los procesos de aprendizajes.
Tampoco aconsejan la sobreestimulación, ya que advierten que cargarlos de actividades con la intención de que desarrollen distintas facetas puede provocar el efecto contrario. Abusar de juegos didácticos y pretender que aprendan “todo” puede agotarlos y traerles problemas de atención.
“Es importante que los chicos tengan algo que les sirva para la vida y las actividades artísticas o deportivas son muy buenas en ese sentido. Sin embargo, hay que tener cuidado de no sobrecargarlos y permitirles probar distintas opciones para que descubran qué es lo que les gusta”, afirma Mazza.
Premiar y castigar las notas suele ser una medida bastante usada entre los padres. Sin embargo, algunos expertos desaconsejan este sistema o, al menos, proponen tratarlo con especial cuidado. Consideran que la promesa del estímulo material en algunos niños podría llegar a causar una doble frustración: por no alcanzar las notas que se propuso y por quedarse sin regalo.
“Tampoco es bueno sacarles cosas como la bicicleta, la pelota, la computadora, prohibirles reunirse con amigos u otras actividades sociales. Una cosa es la escuela y otra las actividades sociales. Las dos son necesarias”, dice Mazza, y agrega: “Hay que elogiar y aplaudir los logros y, en todo caso, evaluar si es necesario dedicar más tiempo al estudio”.
Proyectarse en los hijos es otra de las actitudes que los expertos recomiendan evitar. Señalan que muchos padres (acaso de modo inconsciente) no toleran lo que consideran “el fracaso escolar” de sus hijos porque proyectan ahí sus propios miedos e inseguridades. Para no aceptar la mala nota o que el chico no cumple con las expectativas una actitud frecuente suele ser buscar trastornos cognitivos. Esto entorpecería la maduración de los chicos.
“Algunos padres están encima del alumno porque proyectan en ellos sus metas personales”, dice Traversa, y plantea que en estos casos las expectativas sobre los hijos generalmente no se adecuan a sus gustos, capacidades o habilidades y, de todos modos, son orientados o forzados a estudiar lo que quieren sus progenitores.
“Hay que elogiar y aplaudir los logros y, en todo caso, evaluar si es necesario dedicar más tiempo al estudio”
Para Traversa otro punto importante es “que los padres entiendan que a ellos - y no al docente- les corresponde ponerles límites, transmitirles cultura, enseñarles a ser autónomos y la importancia del esfuerzo. La función del maestro es transmitir conocimiento”.
La psicóloga Silvia Medina alerta sobre una actitud que se volvió frecuente y atenta contra la educación de los chicos: “En los grupos de whatsapp los padres suelen criticar a los docentes y después reproducen las críticas delante de los chicos. De esta manera desautorizan al maestro y, por ende, los chicos le restan importancia a su palabra, no los respetan y no se preocupan en cumplir con los deberes o las consignas de la clase”.
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