El hallazgo en la calle de un anillo de oro con las iniciales, tan clásico que lo llevan desde las adolescentes hasta las mujeres bien mayores, originó, por un lado, la reacción solidaria de cientos de personas que ayudaron a la joven que lo encontró a dar con la dueña, y en otro sentido, totalmente contrario, despertó la codicia de una decena de vecinos que quisieron hacerse de la alhaja y para eso inventaron estrafalarias historias.
Andrea D´Emilio -30-, vive en la localidad de Juan María Gutiérrez, Berazategui; periodista, trabaja en una agencia de noticias de nuestra ciudad y en la Universidad, por lo que varias veces a la semana camina por las calles platenses. El viernes pasado, en uno de sus recorridos a pie, en la esquina de 12 y 55 pisó un elemento duro, lo pateó suavemente para ver de qué se trataba, y lo levantó enseguida al darse cuenta de que se trataba de un anillo y que, por esa característica de los que muestran dos iniciales y ser, a la vez dorado, era de oro. Miró a todos los costados; no vio a ninguna mujer que pudiera ser la dueña y se lo guardó.
De entrada, Andrea quiso devolverlo, pero en principio no se le ocurrió cómo. Comentó lo sucedido en su trabajo y una compañera le sugirió publicar las circunstancias en que encontró el anillo en su muro de Facebook.
Se puso entonces la joya en uno de sus dedos, sacó una foto de su mano mostrándola, con la iniciales MD bien de frente, y la adjuntó, en la red social, al siguiente texto: “Hoy en la esquina de 12 y 55 (La Plata) me encontré este anillo de oro. Les pido que me ayuden a compartir o si saben algún dato que me avisen así encontramos a la dueña. No sé cuál será su valor económico pero imagino que debe tener un valor simbólico para quien lo perdió...Seguro se preguntarán ¿cómo sabemos quién es realmente la dueña? Fácil: el anillo tiene una inscripción de lado de adentro. Gracias”.
Sus contactos no tardaron en difundir el pedido de ayuda, que consiguió en pocas horas más de 1.500 “compartidos”. Ahora, a partir de ahí recibió numerosas respuestas de gente que se atribuía la propiedad del anillo. Y empezó para Andrea la difícil tarea de descubrir quién decía la verdad y quien mentía para quedarse con algo que no le correspondía.
“Tuve que hacer varias preguntas a muchas mujeres que decían que eran las dueñas y algunas hasta me contaron historias increíbles, como que habían sido asaltadas y brutalmente golpeadas y que en esas circunstancias se lo habían robado”, relató Andrea.
Al fin dio con la propietaria del “MD”, que fue la única que pudo darle la clave: las otras dos iniciales grabadas en el reverso del anillo. Todavía no se encontró con ella -una maestra jardinera jubilada-, pero cree que podrá devolverle el preciado accesorio en las próximas horas. “Estaba un poco ocupada, pero como confió en mí se quedó tranquila y no le importó esperar un poco para recuperar su anillo”.
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