Apenas 10 minutos después de que el local “Carnes Mannarino” -ubicado en 80 y 118- iniciara su atención al público por la mañana, dos delincuentes que cubrían la mitad de sus rostros con capuchas y chalinas, entraron dispuestos a dar un audaz golpe.
Para ello amenazaron de muerte a la dueña del negocio, Julieta Mannarino (45), y a un conocido suyo. A los dos les apuntaron con armas de fuego, los hicieron tirar al piso y, finalmente, para escapar con algo más de 12 mil pesos, los dejaron encerrados en una cámara frigorífica.
Según lo relatado a EL DIA por la damnificada, “uno de los ladrones me puso primero un revólver calibre 38 corto en el pecho. Y luego me apoyó el arma en la nuca y me hizo caminar así hasta mi oficina. Ahí tenía mi cartera, donde guardaba algo más de 10.000 pesos para pagar más tarde a los proveedores”.
Pero además reveló que “también se llevaron unos 2.000 pesos en cambio que había dentro de la caja registradora”.
La mujer lamentó que “a la hora del asalto iba a estar el camión repartidor. Pero llegó recién a las 9 de la mañana, porque por el paro del sector de la carne no tuvo la mercadería a horario. De haber estado acá, no creo que estos delincuentes se hubiesen animado a entrar”.
Mannarino -hermana del ex futbolista de Gimnasia Rolando, también comerciante del rubro- estimó que ambos asaltantes “estuvieron fácil 10 minutos en mi negocio” y acotó que en ese lapso “no entró ningún cliente”.
“Con el muchacho amigo, al que le estoy enseñando el oficio de carnicero, pasamos un susto grande”, reflejó.
INDIGNADA Y CON MOTIVOS
Mientras aludía al asalto sufrido ayer, Julieta aclaró que “es el séptimo en nueve años”. Por eso traslucía la bronca que siente por estar acechada por la ola de inseguridad.
Al respecto, detalló que “al margen de los robos que tuve en la carnicería, también me han robado en mi casa y tres veces en la calle”.
Por eso, en su enojo, citó que “por la inseguridad que hay en este barrio, donde no vemos un solo policía, estoy cerrando a las cuatro de la tarde. Y para ir de mi casa hasta el local, me tomo un remís, pese a vivir a sólo dos cuadras de distancia”.
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