Si comienzo escribiendo que la mejor experiencia de vida que tuve hasta ahora fue haberme enfermado de cáncer de mama hace 5 años…. ¿Cómo se sentirían al leerlo? Y, es fuerte, hasta suena raro. Pero es real. Todo empezó exactamente en octubre de 2011. Una mañana como cualquier otra descubrí la aparición de un ¨chichón¨ que sobresalía de la superficie de mi mama izquierda. A simple vista y sin anestesia, me di cuenta de que la sensación de cansancio que tenía desde hacía meses sumada a los pinchazos que hacía un mes venia sintiendo en la mama, eran el aviso de que algo malo estaba sucediendo en mi cuerpo. Y que las manchitas que aparecían en la mamografía y que erróneamente fueron adjudicadas a lo que parecía ser un simple quiste, eran un gran carcinoma lobulillar infiltrante e invasor grado II, que ese día se hizo increíblemente visible. Esa mañana no dejé de hacer lo que tenía previsto y la misma tarde pedí un sobre turno con el médico, sabiendo internamente que la cosa venia mal – porque eso ya se va sintiendo de alguna manera, en el cuerpo y en el alma -. En los dos meses siguientes se sucedieron una serie de estudios, análisis y biopsias, las que desembocaron finalmente el día martes 13 de diciembre de ese año en una mastectomía radical izquierda, sin vaciamiento ganglionar . Mientras tanto, toda mi familia, mi pareja, mis amigos y compañeros de trabajo, seguramente sufrían sin decírmelo. Yo a su vez pretendía estar lo mejor posible para que no se asusten. Porque no se enferma una sola persona: se enferma todo un conjunto de personas que sufren y temen, y que a través de transitar este padecer van cambiando, van creciendo internamente y se van fortaleciendo lazos. A la cirugía le sucede la quimioterapia endovenosa, la radioterapia, la quimioterapia oral por 5 años, y en mi caso particular, dos cirugías más. Ahí recién empezamos a darnos cuenta, las pacientes que enfrentamos esta enfermedad, de que algo importante nos pasó. Empezamos a cambiar nosotras y para eso necesitamos ayuda. Los sentimientos mientras tanto son muy encontrados: hay enojo, ira, aceptación, desazón, temor y también alegría, confianza, mucha fe. Es importante saber que cuanta más energía positiva pongamos, más fácil será sobrellevar la situación. Fe en Dios, fe en la ciencia, fe en nosotras mismas, profundos deseos de sanarnos, proyectando siempre para adelante, confiando en que se puede y se debe vivir muy bien pese a todo lo transitado. Esos son los ingredientes, a mi entender, que nos ayudan a levantarnos. Y una vez que pasó lo peor de la tormenta podemos resurgir y rehacernos. Algo se rompió en nuestro interior y algo creció. Creció la fuerza y el amor por la vida, aprendemos a tomar muchas cosas de forma diferente y a tener otra mirada sobre lo cotidiano. ¡Se sale fortalecidas, chicas! ¡No se asusten! ¡Luchen, no bajen los brazos, no se desanimen, porque se puede tener una calidad de vida excelente y se pueden desafiar otros horizontes. ¡Si hasta luego de finalizar todos los tratamientos me he dedicado por un año y medio a correr ultramaratones!
* Paciente recuperada
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