Una posible rotura de las peceras en las que se los transportaba liberó a unos pocos ejemplares de peces león en Florida (sureste de EE.UU.), en los años 90 del pasado siglo XX.
Su gran capacidad reproductiva, de unos 30.000 huevos cada cuatro días, y su agresividad alimenticia, unida a la ausencia de depredadores de un animal venenoso y nuevo en ese ambiente, facilitó que esta especie, que arrasa con todo, se fuese convirtiendo en el rey del Caribe.
“Es un pez muy agresivo en cuanto a sus actos alimenticios. Come todas las larvas, huevos o pececitos pequeños, de todas las especies...”, explica el ecologista Fernando Secaira. “Es un grave problema, porque todo un ecosistema se balancea cuando se introduce un nuevo ser tan agresivo como este pez”, agrega.
Este miembro de The Nature Conservancy, una organización no gubernamental con la misión de conservar las tierras y aguas, y con presencia en más de 30 países, cuenta que “hay zonas en el Caribe, especialmente en las Bahamas, donde el pez león ha eliminado casi el 80% de la biomasa de los peces que había allí”.
Tras pasar por gran parte del Caribe y el arrecife mesoamericano, el primer ejemplar de esta especie se encontró en México en 2009, concretamente en Cozumel, una isla al sureste del país, en el estado de Quintana Roo.
“El primer año entró de golpe, bastante. El segundo había mucho también”, recuerda Gerardo Velázquez, pescador de Vigía Chico, una de las cooperativas pesqueras en la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, en el Caribe mexicano.
Sin embargo, aclara que este año ya hay menos: “He visto un máximo de cuatro o cinco en un día, si bien son más grandes y de hasta un kilogramo de peso”.
De hecho, en Bahamas, Bermudas y Punta Herrero (Quintana Roo) se han encontrado ejemplares de unos 50 centímetros, cuando el tamaño natural de este pez rayado, de tonos rojizos, blancos y negros, grandes aletas y largas espinas venenosas, ronda los 28 centímetros.
“No podríamos echarle la culpa al pez león de haber causado un impacto, porque apenas lleva unos años, y para producirse un impacto muy grande tiene que pasar una década y haber un exceso. No hay tantos”, dice Gerardo, minimizando su efecto en México, y apunta que, quizás en las aguas profundas del norte puedan desarrollarse más.
“El impacto que pueda causar el pez león en México no se ha dado tanto porque tuvimos la ventaja de los 20 años de lecciones que sufrieron los demás países. En Bermudas y Bahamas llegó, nadie le puso atención, y tras una década ya no había más peces”, aclara Fernando Secaira sobre la causa de ese daño relativo.
“Aquí en México se sabía que eso era un problema y, en cuanto se informó de las primeras desapariciones de especies, se empezó a atacarlo”, prosigue Secaira, para quien “la campaña es exitosa, porque no hemos visto esos resultados negativos acá”.
No sólo se ha promovido su pesca, sino que se han organizado torneos -con premios, como equipos de buceo en las categorías de mayor cantidad de capturas y ejemplar más grande y más pequeño-, y se está llevando al pez león al plato.
“Si consumes pez león, estás colaborando a la conservación de los recursos, lo que es un valor agregado”, comenta Lizbeth Tamayo, asistente técnica de la cooperativa Cozumel, en Punta Allen, casi en la frontera con Belice.
“Antes no se comercializaba por miedo a que fuese venenoso, pero se enseñó a los pescadores a prepararlo y ahora lo venden en Puerto Morelos y Cozumel”, señala Eglé Flores, miembro de la asociación Cobi y secretaria ejecutiva de Kanan Kay, alianza del Gobierno, cooperativas, organizaciones civiles y varios académicos.
“Están comprándolos, haciendo torneos para matarlos, abriendo restaurantes con platillos de pez león. Yo creo que sí se va a controlar”, afirma Gerardo Velázquez.
SUSCRIBITE a esta promo especial