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Feriados, maletas flacas, billeteras gordas

Por ING. SILVANO J. TREVISAN

LOS FERIADOS

Witold Rybezynski (1943), arquitecto y filósofo escocés, expresó en su ensayo “Esperando el week-end”: “Cada ciudad elige dar una forma distinta a su propio trabajo y a su modo de obtenerlo, y al hacerlo revela muchas particularidades sobre el propio origen: inventa, adapta, recompone vocablos y antiguos modelos agregándoles nuevas variantes. Tal es lo que ocurre con el extenso elenco de días de recreo: festividades públicas, jornadas de mercado, fiestas, San Lunes, San Martes, vacaciones de verano y de fin de semana…”.

Sobre este punto, recordemos que, en Italia, el Fin de Semana Festivo fue creado por Benito Mussolini en 1935 cuando, por una ley nacional, instituyó el “Sábado Fascista”, creación que luego, con distintos nombres, adoptaron numerosos países de Occidente, algunos de los cuales, como Argentina, lo duplicaron y hasta triplicaron con la aparición de los “puentes”, los “finesde”, las “escapadas XL” y la incorporación de nuevas celebraciones ( M. M. de Güemes, por ejemplo).

Así, hoy comprobamos que el calendario 2016 nos regala:

52 domingos

26 medios sábados

15 feriados fijos

3 feriados móviles

8 “puentes”

La suma: 104 jornadas no laborables, a las cuales habría que agregar, parcialmente, los otros medios sábados donde las Oficinas Públicas, Justicia, Bancos, etc. adoptan una total inactividad. Si a ello le sumamos vacaciones de invierno y verano, asuetos por diversos motivos (“¡Mañana es San Perón!”) y algún feriado extra que siempre aparece, veremos que durante más de la tercera parte del año, disfrutaremos de la “dolce vita”.

Y hay una curiosidad más. Los días de descanso sacro semanal obligatorios varían de un ambiente a otro, de un país a otro. En el mundo islámico se guardan los viernes, en Israel los sábados y en Occidente los domingos. De modo que, si estamos el viernes en Dubai, el sábado en Jerusalén, y el domingo en Roma, enfilaremos tres feriados sucesivos. Y si esta situación se repitiese las 52 semanas, viajaríamos en el tiempo festejando durante 156 días por año,

Todo esto explica por qué el Turismo se ha desarrollado tanto mundialmente y en algunos países y ciudades es su principal fuente de ingresos.

¿Trabajar? ¿Producir? ¿Generar riqueza? .¡Ah, ese es otro tema!

LAS MALETAS

Al disponernos a preparar las maletas para un viaje nos preguntamos ¿Qué pongo dentro? Al cerrarlas, nuevo interrogante ¿Habré olvidado algo importante? Y por fin, la pregunta cruel, la más angustiante ¿Cuánto dinero tendré que llevar?

Creyendo saber un poco más que nada sobre ecuaciones matemáticas, hemos propuesto, hace algún tiempo ya, una sencilla fórmula para relacionar el confort de un viaje de placer con el tamaño y peso de las maletas y con los euros necesarios para lograr ese confort. Hela aquí:

Vc = ½ M + 2 € (1)

Donde:

Vc: Viaje confortable.

M: Peso de las maletas (Ropa más accesorios)

€ : Dinero estimado necesario para lograr un Vc.

Como no todos están familiarizados con la matemática, aclaro. La fórmula (1) expresa, literalmente: para un viaje placentero se debe calcular bien la cantidad de ropa y accesorios personales a colocar dentro de las maletas (M), y el monto de dinero que se considera necesario (€); luego, llevar la mitad de M y el doble de €. En otras palabras: las maletas livianas y la billetera pesada o, flacas las primeras y gorda la segunda. De ese modo el placer del paseo, estará asegurado.

El principio rector de un viaje disfrutable es: primero la comodidad, luego la sobria elegancia y por fin, el radiante glamour.

Las maletas livianas y la billetera pesada o, flacas las primeras y gorda la segunda. De ese modo el placer del paseo, estará asegurado. El principio rector de un viaje disfrutable es: primero la comodidad, luego la sobria elegancia y por fin, el radiante glamour.

Al planificar una salida al exterior es necesario abandonar algunos hábitos convencionales en materia de indumentaria. Descartar todo lo superfluo y llevar lo estrictamente necesario: prendas prácticas, adaptables, de “quita y pon”. y versátiles. Nada de “por si hace frío”, “por si hace calor”, “por si llueve”, “por si vamos al teatro”, “por si nos invitan a cenar”, “para el cocktail”, “por si hay un pic-nic o un día de campo”, “para ir a bailar… Y nada de porta-traje!. El incómodo porta-traje quedará en casa, junto a la plancha y el secador de cabello, pues hoy casi todos los buenos hoteles los proveen. Además, no hay que preocuparse demasiado si los zapatos y las carteras no se adaptan al color del pantalón, la pollera o el pullover. En esos días, uno es turista, no protagonista de un desfile de modas. Por otro lado, hay que optimizar el tiempo y es una pena perderlo delante del espejo.

Eso sí: llevar, en sitios separados, fotocopias de las tarjetas de crédito, pasaporte y demás documentos personales. ¡Y no olvidar las pastillas!

Afortunadamente, hace ya bastante tiempo que han desaparecido las reglas protocolares y exigencias sociales rigurosas de antaño, de modo que ahora se puede asistir a un concierto, a una ópera o a un restaurante de manera más informal. Por algo el “jean” se ha convertido en un acompañante infaltable. Además, si algo necesitamos lo compramos; así matamos dos pájaros de un tiro: resolvemos la carencia y nos llevamos un recuerdo personal. Y si el “combustible” se agota… para algo están las tarjetas de crédito. Después, cuando llegue el resumen mensual, veremos qué hacemos.

El tamaño de las maletas es muy discutible. Depende, primariamente, de la extensión y el propósito del viaje. Para una escapada corta (2 ó 3 días) basta el equipaje de mano: una valija de 55x40x20cm que cabe en la cabina del avión. Para salidas de una semana ó10 días debería ser suficiente una maleta de 60 ó 70cm; mientras que en viajes XL habrá que recurrir a las de mayor tamaño. En todos los casos, un bolso manual de moderada dimensión será muy útil. Utilizar maletas muy grandes y pesadas no es recomendable, pues no siempre se dispone de maleteros que se ocupen de ellas, y si tenemos que cargarlas nosotros es preferible dos de 13 kg y no una de 26 kg. La cintura y la columna vertebral, lo agradecerán.

Si se viaja en avión es aconsejable utilizar las de material duro (soportan mejor el maltrato de los aeropuertos), y blando, si se utiliza automóvil o barco.

Pero nada en este mundo es absoluto. Un dilecto amigo, durante los preparativos previos a un viaje al exterior, le sugirió a su esposa: “¿Y si aplicamos la fórmula (1)?”. Ella, muy dulcemente, le respondió: ”Mi amor, vos ocupate de los euros; de la ropa… me encargo yo”.

Como vemos, también en materia de viajes es aplicable la teoría relativista: nada es como es sino como a cada uno le parece. Todo es relativo. ¡Ni el contenido de las maletas se salva!

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