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¿Cómo lidiar con los berrinches? Un dilema que desvela a los padres

¿Cómo lidiar con los berrinches? Un dilema que desvela a los padres

Por Redacción

Los expertos apuntan que no se trata de meros caprichos sino de síntomas propios del crecimiento

Niños tirados en el piso pataleando o desafiando con alaridos en supermercados y restoranes figuran entre las situaciones menos deseadas y más acaloradas por las que suelen pasar los padres. Los berrinches y las rabietas infantiles a determinada edad son tan frecuentes como difíciles de manejar. ¿Pero qué significan? ¿Qué casos ameritan una consulta y cuál es la mejor manera de abordarlos?

La negativa a comprar un producto, a que jueguen de tal manera o a que manipulen determinado artefacto pueden funcionar como desencadenantes de “la catástrofe”. Los berrinches se presentan como la manifestación exagerada de un disgusto que puede provenir de un “no” o de alguna imposición. En contra de las apariencias, especialistas explican que estas actitudes no se tratan de meros caprichos o intentos de manipulación, sino que son motivadas por causas más profundas, funcionales al proceso de crecimiento.

“Es más probable que los niños que no sean capaces de expresar sus sentimientos de manera apropiada verbalmente sigan teniendo berrinches”

Como explica la licenciada Adriana López, co-fundadora de Momento Cero, alrededor de los dos años los niños comienzan a darse cuenta de que son una persona separada de su mamá y que están adquiriendo una individualidad. Comienza lo que se denomina la fase de separación–individuación.

“En esta etapa aparecen los ‘No’ como una manera de expresar sus opiniones. Quieren ejercer su voluntad con mucha fuerza y por eso, frente a ciertos límites, los niños se sienten abrumados por sus sentimientos de frustración y enojo pero aun no pueden expresar lo que sienten o piensan. Todavía no han desarrollado su habilidad para manejar estos sentimientos de manera más eficaz”, señala López.

El berrinche es una manifestación de su desconformidad, de su frustración, de su falta de control y de su dificultad para tramitar estas emociones. “Nos está diciendo: ‘me siento frustrado, estoy enojado, furioso y he perdido todo control’”, comenta la especialista.

Según la American Academy of Pediatrics, a través de este tipo de comportamiento los niños dejan salir la presión cuando están enojados. Otras razones que podrían causar rabietas son sentirse incomprendidos, confundidos, con hambre, doloridos, ansiosos, cansados o no contar con las palabras que les permitan expresar lo que les pasa.

Las primeras manifestaciones en este sentido aparecen alrededor del primer año de vida. Normalmente se intensifican a los dos, y a los cuatro años dejan de ocurrir, conforme los chicos aprenden a expresarse y a autocontrolarse. “Es más probable que los niños que no sean capaces de expresar sus sentimientos de manera apropiada verbalmente sigan teniendo berrinches”.

Según la American Academy of Pediatrics, cuando los berrinches son muy severos (los chicos se dañan a sí mismos o a otras personas, aguantan la respiración o empeoran con el paso del tiempo), no disminuyen a los cuatro años o se dan con mucha frecuencia es probable que existan problemas emocionales, por lo que se debe consultar a un especialista.

María Stoika, psicóloga, especialista en niños, adolescentes y en orientación familiar, coincide en que surgen a medida que los chicos se van diferenciando de sus padres y buscan reafirmarse. Señala que los berrinches van cambiando de tono, de forma y de intensidad. “Forman parte del crecimiento, de la autoafirmación y se articulan con la tolerancia a la frustración”, dice, y advierte que la adquisición de la tolerancia a la frustración depende de cómo los padres manejan la situación: Recomienda paciencia y no entrar en una pelea.

“Hay que trasmitirles si algo no es posible, tratar de que lo entiendan con paciencia y afecto. Porque no sirve que los padres griten más fuerte que los hijos y les hagan de espejo”, afirma Stoika. La firmeza y la serenidad de los adultos serían claves en este proceso.

“El manejo de los berrinches está directamente relacionado con nuestra capacidad como padres de sostener los ‘No’”

Para ayudar a los chicos a manejar su independencia y a desarrollar el autocontrol, López considera importante que los adultos comprendan que no son meros caprichos o intentos de control por parte de los chicos, sino que son manifestaciones de su inseguridad y fragilidad.

“El manejo de los berrinches está directamente relacionado con nuestra capacidad como padres de sostener los ‘No’. Muchas veces sentimos que es más fácil darles lo que piden para callarlos, pero con esa actitud le estaríamos enseñando que a través de esa conducta pueden obtener todo lo que quieren y no aprenden a frustrarse ni a manejar los sentimientos que suscita”, dice López y advierte que esa suele ser la razón por la que las rabietas no desaparecen y se prolongan por más tiempo.

Frente a un berrinche -dice la especialista- es importante que los padres no descontrolen ni enfurezcan. “Si nosotros estamos calmados, ayudamos a nuestros niños a ver que no perdemos el control y que con nosotros están seguros. Todos sabemos lo difícil que es mantener la calma en estos momentos pero es importante que lo logremos, pues cuando nos enojamos, normalmente aumentamos su frustración y su berrinche. Todo termina en guerras de poder entre padres e hijos”, manifiesta.

Los expertos señalan que escuchar lo que los chicos piden o dicen es una actitud acertada de los adultos. “Como es independencia lo que el niño quiere, es importante que le demos el poder de tomar pequeñas decisiones. Hay ciertas cosas (como la remera que quiere usar o el juguete que se puede llevar de paseo) que pueden ser decisiones suyas. Algunas otras cosas, como la comida, bañarse o las actividades que debe realizar no son tan flexibles”, dice López.

Para que resulte más sencillo no ceder ante los berrinches y, por el contrario, sostener con firmeza los “no”, expertos recomiendan decir muchas veces que ‘sí’ y reservarse las negativas para asuntos importantes.

“Si la respuesta es ‘No’ expliquemos claramente por qué no haremos lo que pide. Siempre es importante reconocer el sentimiento que tienen y el deseo del niño aunque luego no lo complazcamos”, afirma López, y ejemplifica respuestas acertadas de los adultos: “Entiendo que estés enojado porque querés seguir jugando, pero nos tenemos que ir”.

Analizar la antesala del berrinche podría resultar de gran ayuda para comprender el trasfondo de la situación: cuestiones como el cansancio, la cantidad de negativas recibidas en el día o tono empleado pueden incidir.

“Démosle palabras que expresen sus sentimientos, hay que enseñarles a ellos el vocabulario emocional. Digámosle ‘sé que te enoja’, ‘sé que no querés’ o entiendo que no te guste”, recomienda López para ayudar a los chicos a manejar y a tolerar sus enojos y frustraciones.

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