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¿La Universidad del látigo y la billetera?

¿La Universidad del látigo y la billetera?

Por Redacción

POR

LUCIANO ROMAN

Un extraño lenguaje domina el debate universitario de estos días.

Intentos de “disciplinamiento”; “cercenamiento académico e institucional”; “aprietes”; “venganzas”; “atropellos”; “decretazos”; “poder de policía”. Son palabras y conceptos que se repiten, públicamente o en conversaciones informales, entre actores centrales de la vida institucional de la UNLP. Son chocantes, es cierto. Parecen impropias del debate académico e “importados” de tiempos que se creían superados, también es cierto. Tan cierto como que a ese diccionario han recurrido decanos, profesores y consejeros académicos para describir el clima cada vez más enrarecido que se vive en la Universidad.

¿Mañana le quitarán el departamento de Música a Bellas Artes porque en el rectorado suena otra melodía?

En estas mismas páginas se habló hace dos meses de “la Universidad de los silencios”. Se mencionaba allí la falta de debate y discusión interna sobre temas fundamentales y sensibles de la vida universitaria. Quizá haya que hablar ahora de “la Universidad del látigo y de la billetera”. Porque a eso aluden, en definitiva, muchos protagonistas de la casa de altos estudios.

Las cosas se han agravado en las últimas semanas cuando el rectorado dispuso, de un plumazo y a través de un inédito mecanismo -el “decretazo de urgencia”-, amputarle a la facultad de Medicina la histórica escuela de Recursos Humanos, donde se dictan las carreras de enfermería, obstetricia, nutrición y prácticas cardiológicas. Se dispuso, sin ningún debate ni consulta -ni siquiera con otros decanos- quitarle esas carreras a Medicina y absorberlas desde el rectorado. Es una medida sin antecedentes, que genera interrogantes de todo tipo (metodológicos, académicos, administrativos, jurídicos) y que sienta un horrible precedente.

¿Mañana le quitarán el departamento de Música a Bellas Artes porque en el rectorado suena otra melodía? ¿O le podrán amputar la carrera de Letras a Humanidades para escribir un relato distinto?

¿Se inaugurará ahora el sistema del “decretazo” inconsulto, con la pretensión de que el consejo superior actúe después como una escribanía?

Es doloroso tener que formular estas preguntas en relación a una Universidad que siempre se caracterizó por resistir el látigo y el atropello. Y que sufrió y pagó altos precios por defender la libertad de cátedra, que no es otra cosa que la libertad a secas.

La cuestión no es, a esta altura, Medicina o Rectorado. Ni siquiera es una cuestión de diferencias sobre modelos o políticas universitarias. Lo que parece estar en juego es, en definitiva, la higiene institucional de la Universidad; el respeto a los procedimientos básicos; la indispensable tolerancia y el apego a las normas de convivencia democrática en la propia Universidad.

Más allá de camisetas y simpatías partidarias o sectoriales, parece enquistado en la Universidad un método de acción política en el que el látigo y la billetera desplazaron al diálogo y la negociación.

¿Volverán a imponerse los silencios? ¿Actuará el consejo superior como una escribanía? Como se explica en la crónica de la página anterior, hay indicios de que esta vez el atropello ha sido demasiado burdo y que ese debate que tan ausente ha estado frente a otras cuestiones medulares, podría “estallar” el martes, cuando el consejo está citado para convalidar el “decretazo” del rectorado.

No es la primera vez que se cruza una raya, se quiebran principios de la convivencia universitaria y se apela, con displicencia, a la prepotencia institucional. Medicina ha sido elegida como “blanco fácil” para aglutinar posiciones en torno al rectorado. Pero se ha abusado tanto de esa estrategia, que quizá ya no vuelva a dar los mismos resultados.

Una cosa es debatir y confrontar con Medicina. Otra es arrastrar a un decano al banquillo de la Justicia penal; votar el envío de “veedores” a las mesas de examen y amputarles cuatro carreras de un plumazo. Algunos decanos quizá empiecen a recordar -como metáfora- aquel célebre poema atribuido a Bertolt Brecht. Una adaptación libre podría ser: “Cuando fueron contra Medicina guardé silencio, porque yo no era de Medicina...

“Cuando denunciaron penalmente a otro decano por diferencias interpretativas sobre una norma, guardé silencio, porque a mi no me denunciaron...” El final es demasiado conocido.

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