La Agencia Espacial Europea (ESA) desplazó durante una semana hasta la pequeña isla española de Lanzarote a tres astronautas, Pedro Duque, Luca Parmitano y Matthias Maurer, y a una decena de científicos en un programa de entrenamiento destinado a preparar futuras misiones a Marte en aquellos lugares de la Tierra que más se parecen al Planeta Rojo.
“No hay ningún sitio en la Tierra que sea exactamente como Marte, ninguno. Ni siquiera como Marte fue en el pasado, pero sí existen lugares que nos permiten estudiar determinadas zonas, proponer algunos modelos científicos importantes para las futuras misiones y también probar nuestros instrumentos”, explica el geólogo español Jesús Martínez Frías, del Instituto de Geociencias de la Universidad Complutense (IGEO), uno de los asesores del programa.
Miembro del equipo fundador del Centro de Astrobiología (CAB) de la NASA en España, Martínez Frías ha dedicado gran parte de su carrera a buscar en la Tierra espacios que puedan servir, por analogía, para investigar condiciones como las que se pueden encontrar en la Luna, en Marte y en otros planetas y satélites del sistema solar.
“Marte es un planeta básicamente volcánico, en el que podemos ver los mismos tipos de basalto que tiene Lanzarote” en el Parque Nacional Timanfaya, detalla este científico.
En Lanzarote, los astronautas de la ESA recorrieron montañas y cráteres, campos de lava, tubos volcánicos y lagunas de costa generadas por antiguas explosiones freatomagnáticas, poniendo a prueba sus conocimientos de geología.
Como explica Pedro Duque, “el objetivo era preparar un curso para astronautas a Marte, un programa que ayude a sus futuros exploradores a entender su geología, a saber dónde buscar rastros de agua y posibles indicios de vida actual o pasada y, sobre todo, a manejarse de forma autónoma, sin depender siempre de las instrucciones del control de la misión, que pueden tardar en llegar hasta 40 minutos (20 para el mensaje de ida y 20 para el de vuelta), según la distancia a la que se encuentren de la Tierra.
“Hay unas pocas zonas en la Tierra donde la actividad de los volcanes esté tan a la vista y en tan grande extensión como en Lanzarote. Y, sobre todo, donde no haya sido destruida por las otras fuerzas de la naturaleza. Lanzarote está como si el volcán hubiera hecho erupción ayer. Y así es más o menos como están las zonas volcánicas de la Luna y Marte, porque allí no hay ni viento ni lluvia, ni placas tectónicas subiendo y bajando”, dice Duque.
Las erupciones que transformaron la isla ocurrieron mucho más recientemente, en el siglo XVII.
Timanfaya conserva vivas las huellas de aquel cataclismo. El calor de magma todavía se nota allí muy cerca de la superficie, como demuestran cada día los guías del parque encendiendo paja seca con tan solo acercarla al fondo de algunos hoyos excavados en el suelo.
El equipo de la ESA recorrió buena parte del Parque Nacional estudiando minerales, identificando afloramientos y aprendiendo a tomar muestras y a saber qué cuentan las rocas.
Pero su trabajo no se ha limitado a Timanfaya, sino que los astronautas y sus asesores también visitaron el charco de los Clicos, en El Golfo, el volcán del Tinguatón (levantado por una erupción aún más reciente, de 1824) y el tubo de lava de la Corona, por el que corrieron ríos de roca fundida hace solo 25.000 años, en la última glaciación.
“En un tubo de lava se podría vivir de forma indefinida”. Esa frase es de Pedro Duque, que salió tan impresionado de la visita a la Corona como convencido de que los tubos volcánicos de Marte serán un buen refugio para futuros astronautas, que podrán encontrar en ellos protección frente a las radiaciones ultravioletas del sol y de la radiación cósmica.
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