Cuando la policía entró en el cuarto de esa pensión del barrio San Ignacio, en Bernal Oeste, Sergio Ariel Maydana y Flavia Rodríguez estaban tendidos en un colchón de dos plazas tirado en el piso, vestidos. Ella dormía. El miraba televisión. Cuentan que no dijeron demasiado, salvo el argumento de que no mataron a Guillermo Luna y Laura Favre, que estaban a punto de entregarse y que querían ver a su hija, esa beba de 8 meses que dejaron con la abuela materna.
La habitación en la que los prófugos vivían desde una semana después del doble crimen es una de las tres que tienen en alquiler los dueños de una casa precaria de paredes verdes situada en la calle Neuquén 1363. Los propietarios residen al frente. En los fondos había otra pareja y, al momento del allanamiento, las dos piezas restantes estaban deshabitadas.
Maydana y su mujer pagaban 1.500 pesos mensuales por ese cuarto con paredes resquebrajadas, cables pelados, una pequeña mesa sobre la que había un anafe, y un viejo televisor sobre una caja de manzanas. No tenían ni un mueble y algo de alimentos dentro de una caja de cartón.
Allí los policías secuestraron una moto marca Rouser de color negro y 250 cm3; cuadernos con anotaciones, ropa, tarjetas para recargar celulares y dos teléfonos, informó la Policía.
desesperados y agotados
“Estaban muy desmejorados” y ya no tenían los rasgos de “la pareja exitosa que se veía en las redes sociales disfrutando de una vida de placeres”, deslizó un investigador.
Es que en estos meses de búsqueda la justicia se encargó de impedir que los imputados tuvieran acceso a los recursos para sostener su fuga: “El estado en el que fueron hallados reflejaba una realidad de desesperación y agotamiento de alto nivel”, resaltó la misma fuente.
Distintos voceros confirmaron, además, que los promocionados “amagues” de entrega de los prófugos “no eran más que puestas en escena para ganar tiempo, engañando incluso a los defensores particulares, que por intermedio de allegados iban consultando y a los que les prometían el pago de honorarios que no podrían cubrir para recibir novedades de la causa e ir planeando su propia estrategia de defensa”, reveló un pesquisa con acceso a la causa.
Según trascendió, en los cuadernos que se secuestraron ayer observaron los policías una serie de anotaciones que les llamaron la atención: “Habían hecho una especie de libreto por si eran detenidos y tenían que responder en una declaración indagatoria”, contó la misma fuente. Al momento de la captura Rodríguez confesó que cursaba un embarazo de poco menos de tres meses, del que se enteró “en la primera semana de haber escapado”, completaron las fuentes.
La mujer todavía no se practicó ningún control médico, ya que acudir a un hospital o una clínica hubiera desbaratado su plan de fuga.
“era un aguantadero”
La fiscal Leila Aguilar describió ayer a la pensión en la que cayó la pareja como un “un aguantadero. En realidad no era una vivienda, sino un lugar muy precario”, expresó, antes de remarcar que la búsqueda de los prófugos se complicó por el conocimiento que tenía Maydana en materia de celulares.
“Se dedicaba a la venta y reparación de teléfonos celulares, de manera tal que tenía un conocimiento de la tecnología que dificultó también la búsqueda”, sostuvo Aguilar, quien agregó que “obtener datos respecto de las compañías prestatarias de servicios de celulares demora, pero se hizo un arduo trabajo, incesante y se logró capturarlos”.
La dueña de la habitación de Bernal contó que la pareja alquiló su casa una semana después de los crímenes, de modo que en esos siete días estuvieron en un lugar desconocido y es falso que tuvieron que mudarse al ser descubiertos por “Simpson”, como contaron los defensores hace poco más de un mes.
“Ellos llegaron en agosto con la intensión de alquilar una pieza para dos. El llegó primero y luego vino ella a la pieza. La verdad, a ella nunca la ví, no se mostraba ante nadie porque siempre está adentro”, explicó Ethel Zeballos, dueña de la casa de la calle Neuquén. De acuerdo al relato de la mujer, que aún no lograba salir de “un estado de shock”, Maydana se presentó como “un empleado panadero” que trabajaba “en un comercio de la zona, en el mismo barrio”.
“El nunca se escondía, siempre estaba muy atento y a veces me ayudaba a cortar el pasto y en la limpieza del patio de la casa”, comentó. Recordó también que Maydana se iba a la mañana, supuestamente a trabajar, y regresaba a la tarde. “Debía ir a dar una vuelta, a llamar por teléfono o a planear estrategias de defensa”, analizó un jefe policial, al destacar que “en las escuchas telefónicas se mostraba más interesado en la causa que en saber cómo estaba su beba”. En la habitación había varios diarios El Día y El Plata, con notas sobre el tema.
“Un comisario me dijo que están acusados del crimen de un cirujano y su mujer. Quedé helada, porque me engañaron como a una nena”, admitió Zeballos, a quien Maydana le dijo que no tenía hijos.
“la familia los alentaba”
Los investigadores policiales y judiciales pusieron la mira en la “postura adoptada por los familiares” de los acusados, “quienes para afuera se mostraban como partidarios de que se entregaran, pero en las escuchas telefónicas quedaba claro que alentaban la profuguez y hasta se burlaban de los policías que montaban consignas en las inmediaciones de las casas”. Mientras eso pasaba, los investigadores secuestraban los pagarés por los préstamos personales del emprendimiento que Maydana montó con Guillermo Luna e inhibieron los bienes de la pareja.
“No pudieron vender la casa de 505 entre 30 y 31 para poder para pagar un abogado y tuvieron que vender a muy bajo precio el auto Ford Fiesta, para sobrevivir este tiempo”, concluyó un pesquisa.
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