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Evitar la penetración puede ser un arma para recuperar el deseo

Evitar la penetración puede ser un arma para recuperar el deseo

Por Redacción

Una práctica de la adolescencia puede ayudar en la vida sexual de las parejas maduras

El término es muy conocido por los sexólogos, pero estalló en la opinión pública cuando un sacerdote lo mencionó en una polémica columna de opinión. “Pienso en el ‘petting’ descontrolado en lugares públicos”, exponía allí su mirada crítica de las conductas sexuales el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer. ¿Pero de qué se habla cuando se habla de petting? Fue una pregunta que se disparó inmediatamente y cuya respuesta muchos salieron a buscar en internet. Una definición esquemática podría sintetizarlo como una práctica sexual en la que todo está permitido, menos la penetración.

Puede sonar a poco o a inconcluso, pero quienes se adentran en la indagación de las variantes sexuales contradicen esa mirada. Sus testimonios permiten avizorar que con este juego, que puede ser considerado propio de la época del zaguán, las parejas son capaces de encender la pasión hasta niveles insospechados. 

La rutina sexual surge espontáneamente según el gusto de los integrantes de la pareja . Cuando ellos se conocen bien la práctica mejora. Uno conoce del otro sus arranques, sus debilidades, sus puntos altos y bajos. Y el petting puede servir para descubrir que hay cosas nuevas y que es posibles encontrarlas.

La etimologia

“Petting” proviene del verbo inglés “to pet”, que alude a besar, mimar, acariciar, tocar. Una práctica que hoy es recordada de otros tiempos, aunque ese no era el nombre. En alguna época era “afilar”, en otras “chapar”, “franelear” o “apretar”. Quién no se ha toqueteado con algún novio o novia en la puerta de una casa, detrás de un árbol, en algún lugar donde la oscuridad es cómplice. 

Ahora se le puede poner un nombre y una etapa de la vida donde más se lo practica. El petting es de lo más usado por aquellos que todavía no se animaron al debut sexual, por los adolescentes o hasta por aquellas que quieren mantenerse vírgenes hasta el casamiento o evitar el embarazo.

Pero también puede ser una alternativa para quienes emprender una búsqueda diferente a la penetración. Puede ser una práctica que, como todo juego, es ideal para cambiar la vida íntima, conocerse más a fondo y reavivar el placer. Dejar de lado el clásico coito y concentrarse en otro abanico de sensuales posibilidades puede resultar altamente erótico si la pareja se  toma el tiempo para probarlo y hacerlo en serio.

La base de esta práctica es buscar y reconocer las zonas erógenas. Tanto las propias como las de la pareja. Explorar los cuerpo desde los pies hasta la cabeza deteniéndose en cada centímetro y olvidar por un rato de “la idea fija”. 

Abundar en esa búsqueda puede ayudar a aprender qué es lo que provoca placer y mejorar las relaciones sexuales, con y sin penetración.

El “simple” hecho de prohibir la penetración (por un día, una semana o por un mes) ya va a generar en las parejas otras maneras de excitarse que nunca conocieron. La clave es estar convencidos, buscar otros estímulos y volver a jugar a esta especie de previa interminable. Puede resultar gracioso y hasta ridículo en un principio, pero con el tiempo van a comprobar que no hay arrepentimiento. Los dos van a alcanzar un orgasmo realmente intenso y muy diferente de aquel al que están acostumbrados.

La historia

El petting es un concepto que nació en los años 70 y su desarrollo está muy explorado en la literatura y el cine, pero también desde el punto de vista del psicoanálisis. Esa disciplina, que sostiene que el ser humano está atravesado por la sexualidad desde que nace hasta que muere, también expone que para que el deseo se mantenga en parejas que llevan muchos años juntas, el “petting” puede ayudar.

En el cine, películas como “40 días y 40 noches” hablan de estas experiencias y de la necesidad de jugar en las previas interminables hasta puntos extremos, sin que haya penetración. 

Los peros

El “petting” puede tener algunas contras. Una de ellas puede tener que ver con el acostumbramiento. Los especialistas reportan casos en que las parejas naturalizan tanto alcanzar el orgasmo sólo con la masturbación o el sexo oral que después les cuesta hacerlo con la penetración. Evitar eso se puede lograr usándolo sólo como un recurso más dentro del menú de opciones.

Otro problema que mencionan es la velocidad de los tiempos modernos.  “Hay mucha socialización, pero menos comunicación y una enorme dificultad de apego con el otro. Entonces, los sentimientos de erotismo terminan vinculados con la especulación”.

Más allá de eso, el petting considerado una herramienta para despertar la sexualidad dormida y, en términos psicoanalíticos, se disfruta mucho cuando se rompen las represiones inconscientes.

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