Durante la infancia, las burlas, los apodos y los chistes ofensivos son con frecuencia uno de los problemas que los niños suelen enfrentar y cuya correcta resolución se presenta como un gran desafío no sólo para ellos sino también para sus padres. En los mejores casos, se trata de algo circunstancial. Pero no siempre es tan inocuo. Las palabras pueden causar mucho dolor calando hondo en la autoestima y dejando huellas dañinas en la infancia. Cuando estas manifestaciones son de carácter repetitivo en el tiempo nos pueden estar señalado un problema que requiere mayor atención. En general, además de la frecuencia con que un niño experimenta estas situaciones, si también se detecta una intencionalidad maliciosa del niño o grupo que agrede podemos empezar a pensar en el “diagnóstico” de acoso escolar. Actualmente, esta problemática alcanza una complejidad cada vez más profunda en virtud de las nuevas tecnologías y el nivel de difusión de las mismas, perforando los límites hasta ahora conocidos y permitiendo que las agresiones se manifiesten en una multiplicidad de frentes.
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