Hablar de bullying hoy supone revisar nuestras propias posiciones y miradas acerca de los niños, adolescentes, escuelas y familias. En los últimos tiempos, el término ha sido utilizado en exceso, con la consecuente generación de dudas, confusiones, alarmas, ataques y defensas de todos los actores de la comunidad educativa. Debemos enfatizar entonces que no toda burla es bullying, como tampoco lo es pelearse ocasionalmente con un compañero. Todos tenemos derecho a elegir y elegirnos, a invitar y ser invitados, a equivocarnos y pedir disculpas, a preferir ciertos compañeros a otros; tenemos que aprender a tolerar muchas veces la frustración de no “tener lugar” en ciertos momentos de la vida de nuestros compañeros, acostumbrarnos a compartir nuestros afectos, a caernos y levantarnos (a veces con las rodillas raspadas o algún moretón...) y eso no es bullying. Hablamos de bullying cuando la intención de quien agrede es humillar, avergonzar, exponer, aislar, excluir, asustar, hacerle creer al otro que no vale.
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