“Hace años que la superficie de invernaderos viene creciendo indiscriminadamente a la deriva. Como no hay ningún control sobre las perforaciones que hacen ni la forma en que utilizan el agua, la mayoría de los nuevos productores hortícolas no le da ningún valor. Instalan bombas más grandes de lo que necesitan y, para evitar que ese caudal les rompa las cañerías de riego de los invernaderos, tiran todo el excedente directo a la zanja, como puede comprobar cualquiera que pase por ese sector de la ruta 36”.
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