Consoladores que vuelan por el cielo de Manhattan, productos para que el orgasmo femenino sea único e interminable y hordas de mujeres como zombies de tanto masturbarse son algunas de las postales que Chuck Palahniuk (Oregón, Estados Unidos, 1946) ensaya en “Eres hermosa”, una nueva entrega de la mente retorcida, mordaz y delirante de quien saltara a la fama hace ya veinte años con su novela El club de la pelea, de la que ahora acaba de publicarse también una segunda entrega en versión cómic.
Esta vez, la protagonista de la historia es la insípida Penny Harrigan, quien dejó su Nebraska natal con la intención de triunfar como abogada en la Gran Manzana pero hasta el momento lo único que ha logrado es llevar el café en un lujoso bufete de abogados. Penny nunca ha dejado de ser una muchacha de pueblo, con un físico de lo más corriente y una vida amorosa nula. Por ello, ni ella ni su familia pueden dar crédito a su suerte el día que la invita a cenar C. Linus Maxwell, reputado multimillonario y magnate del sector tecnológico, y un codiciado soltero de oro al que la prensa del corazón llama “el Gran Clímax”.
Bastará una primera cena en el restaurante más exclusivo de Manhattan para que Penny acabe en la habitación de un hotel de París, disfrutando de los inimaginables placeres que le proporcionan los objetos sexuales diseñados por su nuevo amante. Pero el interés de Maxwell hacia Penny parece tener poco que ver con el romanticismo y mucho con una nueva línea de productos que ha de revolucionar la vida de las mujeres.
Acaso sin la solidez de otras tramas igual de delirantes -”Asfixia”, “Pigmeo” o “Error humano”, por citar algunos ejemplos-, el libro que ahora nos llega del autor del recordado cuento “Tripas” es un mecanismo satírico en donde los dardos parecen bien apuntados hacia el llamado boom de la literatura erótica y el consumo destinado a mujeres. En “Eres hermosa” (Mondadori) el universo femenino y sus productos aparecen ya no como tragedia o comedia sino como un delirio que, al menos por momentos, parece caricaturizarse a sí mismo.
Como opinaron muchos críticos, podría ser un episodio de “Sex & the city” o una novela de la serie de Bridget Jones, pero todo eso tamizado por el universo Palahniuk, el tipo obsesionado con la asfixia, los grupos de autoayuda, los adictos sexuales, las explosiones de edificios y los detalles más escatológicos de la sociedad moderna.
La línea de productos que experimenta Penny y crea Maxwell está destinada al éxito pero también al desorden mundial: en el momento en el que sale al mercado provoca que millones de mujeres en todo el mundo decidan que ya no necesitan a los hombres para proporcionarse placer y, dado que hay tanta variedad y tipos de orgasmos, el 98% de la población femenina ve reducida su vida a un simple ejército de adictas sin rumbo, siempre tiradas en la cama o en un rincón sin hacer nada, sin hambre ni ganas de salir, convertidas en desechos y en verdaderas yonquis del orgasmo. El sueño feminista más radical -un mundo en el que los hombres no sean necesarios ni para procrear ni para dar un poco de placer- no sólo se cumple sino que, en manos del terrible Palahniuk, es ridiculizado hasta lo inverosímil.
Palahniuk, como se dijo, se convirtió en un autor de culto tras la publicación en 1996 de su primera novela, “El club de la pelea”, que posteriormente fue adaptada al cine por David Fincher e interpretada por Brad Pitt y Edward Norton. También ha sido llevada a la pantalla su novela “Asfixia” y se está trabajando, según el escritor, en la adaptación de sus libros “Rant”, “Monstruos invisibles”, “Snuff”, “Fantasmas” y “Nana”.
Amante del cine, Palahniuk ve las películas como “enemigos de los libros”, aunque asegura que estos “son más fuertes y ofrecen cosas que una película no puede”, en especial en el caso de la violencia y el sexo -dos constantes en sus novelas- porque “la audiencia del cine y la televisión es enorme y en ella podría haber niños”.
El libro, nos dice quien para muchos es el nuevo Stephen King o acaso uno de sus mejores herederos, es algo privado, para una sola persona que, además, tiene una cierta cultura y podrá disfrutar de la experiencia en soledad. “Esa es la fuerza de los libros -resume-: dar experiencias más fuertes, extremas, que no pueden alcanzarse viendo una película o la televisión”.
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