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Giuliani: el hombre de Trump

Por Redacción

Recordado como el alcalde Nueva York que impuso la “tolerancia cero” y se sumergió en las entrañas de la tragedia del 11 de septiembre, es ahora uno de los referentes centrales del gobierno que encabezará Donald Trump. Logros, controversias y peleas en su vida personal retratan a uno de los líderes republicanos que recobran ahora un protagonismo estelar

El triunfo de Donald Trump instala, otra vez, en primer plano, al célebre ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Fue uno de los pocos líderes republicanos que apoyaron a Trump con entusasimo. Y ahora figura en todos los borradores sobre “el equipo del Presidente” en lugares estelares.

Giuliani nació el 18 de mayo de 1944 en el barrio de Brooklyn, Nueva York, en el seno de una familia de clase media. Con honores, se recibió de abogado en la facultad de Derecho de Nueva York en 1968.

En 1970 trabajó para el fiscal general del Estado y con tan sólo 29 años se convirtió en jefe del departamento Antidroga de la Fiscalía General del Estado. Su carrera política comenzó en 1989, cuando se presentó por primera vez como candidato republicano a la alcaldía neoyorquina perdiendo por un pequeño margen.

Elegido en 1993 para el primero de sus dos mandatos en una ciudad como Nueva York, donde más de la mitad de sus habitantes afirman ser demócratas, Giuliani consiguió estar al frente de su alcaldía durante casi un década. Se ganó el reconocimiento de muchos neoyorquinos por sus enérgicos métodos policiales, que redujeron considerablemente la criminalidad y en especial el número de asesinatos. Aunque también se puso en contra a muchos de sus conciudadanos, por ejemplo cuando cortó la subvención al museo del Brooklyn por haber expuesto un cuadro de un pintor británico creado con excrementos de elefantes.

Su reacción ante la tragedia del 11 de septiembre ubicó a Giuliani en un lugar de enorme reconocimiento, dentro y fuera de Nueva York. Soñó con la Presidencia

Separado de su mujer, se mostró ante la opinión pública con su nueva pareja, una mujer divorciada. Su vida privada fue tema de innumerables artículos en la prensa sensacionalista, especialmente cuando su esposa logró que un juez prohibiese a su nueva pareja vivir en la residencia oficial del alcalde. Pero críticas y sarcasmos se esfumaron cuando los terroristas estrellaron dos aviones contra Las Torres Gemelas de Nueva York. “Rudy Giuliani, pese a todas sus imperfecciones, se ganó a la gente caminando sobre los escombros, en todo momento disponible para un pueblo que necesitaba ser reconfortado.

La prensa felicitó también al alcalde por haber advertido a los neoyorquinos contra cualquier tipo de ataques de venganza racista.

En el mes de abril de 2000, anunció que padecía de cáncer de próstata, la misma enfermedad de la que había muerto su padre a los 73 años. Fue este problema de salud lo que le impidió presentarse como candidato republicano por Nueva York al Senado norteamericano, asiento que le habría disputado a Hillary Clinton.

Alcanzó fama internacional por su “fórmula” para convertir a Nueva York en ciudad segura. El modelo que impulsó estaba basado en una serie de medidas simples: se puso énfasis en la prevención de crímenes, se multiplicó la presencia de policías en las calles, se restableció el vínculo entre la fuerza y la comunidad y se puso especial énfasis en prevenir y perseguir determinadas contravenciones graves o delitos menores, como pintar graffiti, saltar los molinetes de los subtes o beber alcohol en la vía pública.

Esta última medida estuvo inspirada en la teoría de las “ventanas rotas”, del profesor de la Universidad de Harvard James Q. Wilson, quien expuso la idea de que si en un edificio abandonado hay una ventana rota y no es arreglada rápidamente, los vecinos apedrearán el resto de las ventanas y, eventualmente, será destruida la propiedad entera.

“La policía debe sancionar todas las infracciones, por más insignificantes que parezcan, porque la sumatoria de esas pequeñas faltas crea un clima de desorden e inseguridad que favorece la irrupción del delito”, explicó durante su última visita a la Argentina el entonces jefe de policía de Nueva York, William Bratton.

Considerado el “verdadero cerebro” del plan del carismático Giuliani, Bratton fue el jefe de una fuerza de unos 37.000 hombres que “limpiaron” la ciudad. Tras dejar el cargo se transformó en un “embajador” de la “tolerancia cero”, para transmitir su experiencia en distintas ciudades del mundo acosadas por el delito.

Con su fama a cuestas, Giuliani reaparece, de la mano de Trump, en la mesa chica del poder norteamericano. Ha ganado, en estos años, la dura batalla contra el cáncer y también ha superado los traumáticos avatares de un divorcio que se pareció a “La guerra de los Roses”.

Todo Estados Unidos llegó a enterarse que el alcalde de la ciudad más importante del país atravesaba un periodo de impotencia (como consecuencia de su enfermedad), que en su casa dormía en el cuarto de huéspedes y que esperaba pasar el resto de sus días con su amante, una ex enfermera que, según él, había demostrado mas compasión por la enfermedad que padece (cáncer de próstata) que su esposa.

El espectáculo que se ha formado alrededor de su vida íntima es parte del virulento proceso de divorcio que el alcalde mantuvo contra Donna Hanover, su esposa durante 16 años y la madre de sus dos hijos.

Giuliani fue uno de los líderes republicanos que se alineó desde el principio con la candidatura de Donald Trump. Lo definió como “un gran hombre”

Giuliani había anunciado en una conferencia de prensa que quería acabar con su matrimonio, antes de comunicarle la decisión a su esposa.

Ya pasaron años. y Giuliani parece tener, con el triunfo de Trump, la oportunidad de una nueva etapa en su vida y en su trayectoria política.

No se sabe todavía cuál es el cargo que ocupará. Pero nadie duda de que será uno de los hombres furtes de la era Trump que empezará el próximo 20 de enero.

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